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29 de Enero
QUIGNARD Y LA MÚSICA - Paul Desenne
“Cuando la música era escasa su poder de convocatoria era avasallante, como lo era su seducción vertiginosa. Cuando la convocación es incesante, la música repele. El silencio se ha convertido en el vértigo moderno. Su éxtasis. Interrogo los vínculos que mantiene la música con el sufrimiento sonoro”. Con semejantes líneas en la contraportada, no podía sino tomar el libro El Odio de la Música (La haine de la musique) del autor francés Pascal Quignard, y no soltarlo hasta entender algo de su título paradójico. Sabiendo que Quignard, director de la editorial Gallimard, es autor del libro Tous les matins du monde (vertido al cine por Alain Corneau) y ferviente amante de la música francesa para viola da gamba, la mágica y barroquísima música de Marin Marais y su maestro Sainte Colombe, (cuyas aventuras son el tema de la película), entendemos que el tal odio de la música esconde algo un poco más complicado que una alergia. Quignard, poco traducido al castellano, evita la linealidad en sus numerosos y cortos libros que terminan siendo como collages disparejos de micro-disertaciones eruditas, aforismos y citas obscuras de autores antigüos. Si Pierre Boulez se declara Pascaliano en su desprecio por la lisonja y el placer sensual de la escucha, Quignard parece estar en el lado opuesto de la escala. Los ornamentos del barroco francés son para él la tortura del éxtasis, pide más. Y donde Walter Benjamin estudia las implicaciones conceptuales de la reproducción mecánica de la obra musical, Quignard lanza una metralla de aforismos contra todo lo que no sea música acústica en vivo: “La duración del microsurco de laca (tres minutos) le impuso a la música moderna su brevedad hostigadora”; “La pretensión audio-analgésica de la música, liberándola de la depredación escrita, la devuelve a la hipnosis…
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25 de Enero
Pierre Boulez: entre Mallarmé y Paul Klee - Francisco Jarauta
La presencia que la obra de Mallarmé tiene en Pierre Boulez podría reconocerse como una relación crucial en el largo camino creativo del compositor, hasta el punto de poder afirmar que toda su obra puede entenderse como un diálogo construido sobre los presupuestos de la poética mallarmiana. Ya desde el inicio, en uno de sus primeros artículos, Moment de J.S. Bach la reflexión se concluye con una cita de Un coup de dés, en la que se anuncia el límite de toda acción artística, la comentada por Boulez como la precariedad del proceso creador. La ausencia de la obra o del libro era aceptada con rigor desde aquellas primeras lecturas que orientarían a lo largo de sus años su idea del arte y de la música.
El largo viaje de reflexiones y experiencias desembocaba en 1960 en la obra Pli selon pli que puede considerarse el homenaje que Boulez deseaba hacerle a su maestro, homenaje que puede ser interpretado como un verdadero retrato. Para ello Boulez pondrá en juego una compleja construcción de materiales y recursos que ya ha experimentado en la Troisième Sonate y que junto con ella puede considerarse un momento crucial de su obra. Las referencias a Mallarmé son centrales, guiadas por la afirmación central del poema que lo inspira: "Toute pensée émet un coup de dés". Principio que orienta las decisiones últimas sobre la escritura, la composición, la obra. Esa suspensión de la obra que se nos ofrece como destino, desde las primeras páginas de la obra mallarmiana, se proyectará sobre la obra de Boulez dando lugar a una escritura en la que los materiales musicales se verán guiados por los presupuestos citados.
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11 de Enero
Lenguaje, no lengua - Tomás Segovia
Originalmente en textos, imágenes, resonancias
Sentir el lenguaje desde el ojo, no desde la pluma. Lenguaje, no lengua.
Típico del arte “moderno”: empezar por la otra punta. Dejarse bobamente seducir por las curiosas, curiosísimas, ingeniosísimas posibilidades aprovechables que cualquier sistema de expresión ofrece gratuitamente, y que cualquiera que cuenta con suficiente ociosidad puede multiplicar indefinidamente, que incluso se multiplican solas indefinidamente. Curiosidad típicamente infantil. En esa música “moderna” y “experimental” que escucho masivamente en la radio francesa la cosa es clarísima: esos “compositores” están puerilmente fascinados por las chistosas sonoridades que pueden producir o descubrir ya producidas. Pero ¿qué tiene que ver eso con la música? Ese “artista”, que habría que llamar descompositor, no quiere hacer música, no quiere decir nada, no sólo no tiene nada que decir sino que tampoco escucha nada que decir. O sea, ante esas posibilidades aprovechables sigue negándose a dejarse guiar por una Visión, a orientar esos acontecimientos auditivos para entrar en el sentido !28que como su nombre lo indica está siempre orientado). El artista descompositor no está buscando lo decible de la realidad, el mundo como decible, la relación entre lo que se experimenta y lo que se dice, sino que vacía el decir para desmenuzarlo no como un significar sino como un acontecer.
El arte que el establishment, los bien-pensantes, los cursis de esta época siguen llamando “moderno” es como desmontar un reloj y maravillarse con sus ruedecitas ignorando enteramente que sirven para indicar la hora.
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8 de Enero
Manifiesto caníbal - Gonzalo de Pedro Amatria
En el número 1 de la Revista de Antropofagia, publicado en Brasil, en Mayo de 1928, Oswald de Andrade publicó un provocador texto bajo el nombre de “Manifiesto antropófago”, título sugerente para un texto que se pretendía respuesta y reacción airada e indigenista al colonialismo occidental y a las vanguardias europeas y el paternalismo con el que se enfrentaban a las culturas dominadas. Frente a las corrientes que proponían una vuelta a las culturas originales como método de lucha contra los procesos coloniales, el “Manifiesto antropófago” proponía, en cambio, un proceso de canibalización: absorber, digerir y procesar la cultura invasora, mezclada con la propia, dejando de lado el victimismo del “invadido” para reclamar con orgullo una nueva identidad necesariamente híbrida, caníbal y heterodoxa. Empezaba así:
Sólo la Antropofagia nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente. Única ley del mundo. Expresión enmascarada de todos los individualismos, de todos los colectivismos. De todas las religiones. De todos los tratados de paz. Tupi, or not tupi, that is the question. Contra todas las catequesis. Y contra la madre de los Gracos. Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago.
Algo de ese espíritu caníbal y gamberro podemos encontrar, muchos años después, en la segunda película de Pedro Aguilera, Naufragio*, que narra la historia de un emigrante, de nombre Robinson y mirada entre perdida y alucinada, que aparece en las costas españolas con una extraña misión que en principio parece ser la de encontrar trabajo, como tantos subsaharianos, y que termina por revelarse como un proyecto de venganza postcolonial.
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6 de Enero
Prólogo a un palíndromo* - Patricio Pron
Originalmente en El boomeran
A menudo escuchamos como argumento a favor de la literatura que ésta puede crear el París de Balzac, es decir, otorgar sentido y belleza a aquello que de otro modo no es más que un puñado de calles y algunos habitantes anónimos; esta concepción de la literatura, que deposita su valor del lado de la posibilidad de significación (y las características que se le asocian de forma más recurrente en el ámbito de la literatura: profundidad psicológica, referencialidad histórica y coherencia argumental entre las más recurrentes) no es aceptada de forma general, sin embargo: un puñado de escritores entre los que se encuentra el cubano Lorenzo García Vega han puesto en entredicho esa concepción de la literatura como instrumento para la producción de una visión ordenada del mundo y le han opuesto otra cuyo valor está depositado en la posibilidad de superar las limitaciones impuestas a la literatura por su instrumentalización y por la idea de que ésta tiene que poseer necesariamente un sentido.
Palíndromo en otra cerradura (Homenaje a Duchamp) participa de esa tendencia (que podríamos denominar "negativa" en relación a la concepción dominante) cuya finalidad es liberar a la literatura de su aparente obligación de ser referencial y cuyos antecedentes son Raymond Roussel, André Breton, Louis Aragon y los surrealistas, William Burroughs, Georges Perec, Macedonio Fernández, Juan Emar, Pablo Palacio, César Vallejo, César Aira y otros raros.
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21 de Diciembre
BOUTIQUES Y BARRICADAS - Juan Francisco Ferré
Originalmente en La vuelta al mundo
Como sabemos, uno de los asuntos cruciales del siglo XXI es el urbanismo. No es que este no haya sido siempre un aspecto fundamental, pero es ahora cuando las motivaciones económicas han convertido la apariencia estética y la normalización de las ciudades en una prioridad de las políticas municipales. Así, por poner un ejemplo significativo, en las últimas dos décadas, bajo el eslogan de democratizar el espacio urbano, hemos asistido a la transformación degradante de Manhattan, corazón de una ciudad tan emblemática como Nueva York, en una especie de Disneylandia para turistas.
Durante siglos las ciudades admitieron dos perspectivas: la de sus variados habitantes y la de sus no menos variados visitantes. La tendencia urbanística reciente en las ciudades occidentales ha logrado anular la diferencia de perspectiva entre el ciudadano y el turista hasta extremos irrisorios. Cualquiera es hoy tan turista en la ciudad donde habita como en la ciudad adonde el azar, la necesidad o el deseo de evasión le han llevado de viaje por unos días. No nos engañemos, una ciudad peatonal, en Nueva York, en Londres, en Madrid, en París o en cualquier otra parte del mundo, no es una ciudad más cívica, ni más democrática, no es una ciudad pensada por sus ediles para los ciudadanos que pagan impuestos y se ven impedidos a diario en el desempeño de sus tareas por normas de acceso cada vez más restrictivas. Es una ciudad entregada al turismo, un espacio urbano concebido a la medida de todas las formas conocidas de explotación turística, es decir, un simulacro dedicado a convertir a todos los ciudadanos, estén o no de paso, en turistas integrales.
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17 de Diciembre
En un diván de este salón - Yalal ad-Din Muhammad Rumi
Me siento a leer los versos del poeta sufi, hoy 17 de diciembre día de su fallecimiento.
A través de la eternidad
La Belleza descubre Su forma exquisita
En la soledad de la nada;
coloca un espejo ante Su Rostro
y contempla Su propia belleza.
Él es el conocedor y lo conocido,
el observador y lo observado;
ningún ojo excepto el Suyo
ha observado este Universo.
Cada cualidad Suya encuentra una expresión:
la Eternidad se vuelve el verde campo de Tiempo y Espacio;
Amor, el jardín que da la vida, el jardín de este mundo.
Toda rama, hoja y fruto
revela un aspecto de su perfección:
los cipreses insinúan Su majestad,
las rosas dan nuevas de Su belleza.
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15 de Diciembre
Poems by the way: una reflexión y un poema - DGD y DGC
Les ofrecemos entrega doble de dos colaboradores de Salonkritik. Primero una reflexión poética sobre la poesía de Daniel González Dueñas y a continuación un poema de David García Casado. ¡Espero que les guste!
Qué bello título el de un poemario de William Morris: Poems by the way. Una primera traducción sería “Poemas por el camino” o, acaso mejor, “en el camino”. Pero en el fondo de ese título juega la expresión inglesa by the way, que significa “a propósito” o “por cierto”, y que aquí cobra el sentido de poemas despertados o generados por ciertas imprevistas conjunciones de circunstancias (casi diríase conciertos inesperados). El camino se hace al andar, sin duda, pero también, y de la misma forma, las imágenes se hacen al mirar (se hacen para ser miradas): las circunstancias se reacomodan para que el poeta las cante.
Un texto budista, la Visuddhimagga, hace este fortísimo y estremecedor resumen de la doctrina entera de Buda en cuatro versos:
El sufrimiento solo existe, ninguno que sufra; el hecho existe, pero no quien lo haga; Nirvana existe, pero nadie que lo busque; el Sendero existe, pero nadie que lo recorra.
No obstante, dice el poeta, el sendero consiste precisamente en que nadie lo recorre. O, mejor dicho, en que Nadie lo recorre. El “Alguien” se define por hacerse un lugar y habitarlo; en cambio, cuando recorre los caminos se vuelve necesariamente Nadie.
El Sendero existe, pero sólo Nadie lo recorre. El Poeta se vuelve Nadie para cantar a propósito y por cierto. (Kerouac lo supo muy bien: en el camino “nadie, nadie sabe lo que le va a pasar a nadie”)
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13 de Diciembre
El libro de los cambios* - Patricio Pron
Originalmente en el Boomeran(g)
Wallace Stevens nació en Reading (Pennsylvania) en 1879 y murió en Hartford (Connecticut) en 1955, un año después de que sus Poemas completos obtuvieran el Premio Pulitzer. Al igual que T.S. Eliot, participó de la escena vanguardista estadounidense, a la que contribuyó decisivamente con obras como Harmonium (1923), El hombre de la guitarra azul (1937), Las auroras de otoño (1950), La roca (1954) y este Ideas de orden (1936).
De acuerdo con Daniel Aguirre (que firma un prólogo brillante a la obra, así como la espléndida versión en español de este y de todos los otros libros de Stevens publicados anteriormente por Lumen), Ideas de orden "representaría un intento por articular las ‘voces' que trae al poeta la turbulenta coyuntura histórica de los años treinta" (9) con el surgimiento de los fascismos europeos y la sensación de encontrarse ante "‘una civilización moribunda'" (10). "Si la realidad del momento elimina ideas establecidas, el poeta responde imaginativamente incorporando en el discurrir de sus poemas los cambios que percibe" (11); esos cambios no aparecen en el poema de forma explícita y a la manera de un interés por asuntos políticos y sociales, sino como la ampliación de las modulaciones estilísticas y las formas del poema.
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Los oscuros campos de la república - Juan Francisco Ferré
Originalmente en La vuelta al mundo
Decía Cyril Connolly en La tumba sin sosiego, un libro excepcional: “Cuántos más libros leemos, más claro resulta que la verdadera tarea del escritor es elaborar una obra maestra”. En este sentido, se puede decir que si Francis Scott Fitzgerald hubiera desaparecido tras publicar El gran Gatsby en 1925 ya habría tenido garantizada la inmortalidad que la cultura atribuye a los autores de obras imprescindibles de la historia. Conviene recordar esto en el momento en que una nueva traducción, espléndida, del poeta y novelista Justo Navarro nos permite leer esta novela magistral en un español que la moderniza y enriquece de matices, imágenes y sensaciones. Todas las traducciones de obras importantes necesitan con el paso de los años una mano que restaure, con maestría, su vitalidad lingüística y literaria. Este es el caso. Celebrémoslo como corresponde.
La obra de Fitzgerald, uno de los grandes artistas de la prosa y la narración realista americana del siglo XX, se mantiene intacta en el canon literario y no hay lectura de cualquiera de sus obras que no demuestre la cantidad de talento que dilapidó para atrapar el ritmo y el aire de su tiempo, esa combinación de sentimientos, ideas y mentalidades que dan el tono de una época, imprimiendo en cada frase y en cada personaje y en cada situación la marca de un estilo de vida inimitable, mediante una estética y una ética narrativa que pretende atrapar al vuelo la levedad del instante pasajero y la animación del tiempo que barrerá de un plumazo a todos los personajes del escenario del mundo.
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