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Julio 19, 2010

Notas de urgencia sobre Inception - Vicente Luis Mora

Originalmente en Diario de lecturas

inception_post.jpg Todas las obras maestras disparan contra otra anterior, cuyo poder quieren aniquilar. En el caso de Inception, esa obra mayúscula es 2001, A Space Odissey de Stanley Kubrick, que a su vez disparaba contra la Odisea de Homero.

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Cuando salí del cine volví conduciendo a toda velocidad; necesitaba saber quién había escrito el guión de Inception. Seguramente aparecía en los créditos, pero durante los créditos yo no podía ver, estaba ciego, intentando procesar todo lo que había visto.

Cuando consulté Google tuve que mirar un par de páginas además de la Wikipedia, porque no me podía creer que fuera Christopher Nolan también el autor del guión. No sé por qué utilizo el pretérito indefinido, hace de eso apenas ocho minutos, acabo de llegar, no puedo dejar de ver una y otra vez algunas escenas, escribo para intentar quitarme la película de la cabeza.

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Lo pensé en Memento, dejé de pensarlo de The Dark Knight, ahora vuelvo a pensarlo. Manierista, sí; pretencioso, también; un poco autocondescendiente, de acuerdo. Pero Christopher Nolan es un genio. Es el nuevo Kubrick. Pero un Kubrick que además puede escribir sus historias él solo, en vez de adaptarlas o coescribirlas. Con esto no quiero decir que sea mejor, le queda mucho camino por delante, quiero decir que es una clase distinta de cineasta, alguien que sigue los pasos de Kubrick (haciendo cada vez un género distinto, por ejemplo), aunque con la capacidad de un cineasta de autor.

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Inception es el cruce de 2001 con Eyes Wide Shut: donde se cruza un relato sobre el origen (eso es lo que significa “inception”, el “principio”) con el relato soñado, con la Traumnovelle, título de la novela de Schnitzler sobre la que camina Eyes Wide Shut. Como ésta, Inception es un buceo en el inconsciente; un buceo libre, pero todo lo que es bucear en el inconsciente es libre, por más que el inconsciente acabe acarreando –eso queda muy claro en las cintas, tanto la de Kubrick como la de Nolan– numerosas y pesadas cadenas. Las escenas rodadas con agua y las rodadas sin gravedad acentúan el efecto de ensoñación.

En esta parte es quizá donde más discutible me ha parecido la película de Nolan, pero admito que mis prejuicios pueden traer causa de mi eurocentrismo. Cuando vean la película entenderán a qué me refiero. Digamos que la culpa es mía por haber leído mucho psicoanalista centroeuropeo, my apologies. Soy también capaz de admitir que lo que me distancia de la película es aquello que la hace más valiosa. Nolan se pasa todos esos centroeuropeos por el arco del triunfo. Puede haberle hecho al psicoanálisis un favor que apenas soy capaz de atisbar mientras me enzarzo a golpes de mito contra mis fantasmas culturales.

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No puedo parar, y debería parar, pero no puedo. Sé cuando he asistido a algo grande, y es cuando no puedo parar de hablar de ello. Ahora es mi inconsciente el que fluye.

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En Inception son presentados los niveles del inconsciente como los niveles del Infierno de Dante. Ambos, Dante y Nolan, entienden a la perfección que los demonios interiores se vuelven terriblemente tangibles cuando se los localiza y cerca en un espacio concreto. En el caso de Dante, más abajo; en el de Nolan, más adentro. Los círculos dantescos contra los círculos temporales del inconsciente de Nolan.

No puedo ir más allá sin estropearles la película, y no pienso hacerles eso, tienen que verla, tienen que hacerse con ella en libertad, no dejen que nadie les cuente el final.

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También hay un homenaje a Ciudadano Kane, y uno –creo– a Angel Heart (1987) de Alan Parker, otra película manierista, onírica y excesiva pero que me parece excelente o más bien con elementos excelentes. Quizá, y me adelanto a la reseña de Jordi Costa, un posible defecto de Inception es la excesiva explicitud con que elabora sus homenajes fílmicos.

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En el poema “A una persona dormida”, Silvina Ocampo “deplora que los sueños no se comuniquen e interpenetren. Olvida que los sueños compartidos ya existen: son la vigilia”, escribió Jorge Luis Borges. Ya entenderán a cuento de qué viene la cita, y la elegante forma de Nolan de corregir a Borges.


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Los edificios como ruina sentimental, el paisaje como forma palpable de la afectividad en estado puro, cerebral: Solaris, de Lem/Tarkovski, pero también A.I. Artificial Intelligence de Aldiss/Spielberg. Ahí, en el imposible punto intermedio entre esas dos historias y esas dos películas, está Inception.

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La ciencia ficción como metafísica contemporánea, como la metafísica hecha por otros media.

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Me acuesto con la sensación de no haber visto una película sino una obra de arte. De haber visto imágenes que pensé que sólo yo veía en mi inconsciente. Es la primera película en la que he visto el mundo como yo lo veo. No me pidan imparcialidad, por tanto, no me pidan contención. Inception es lo único que tengo, lo único que he tenido siempre. Ese modo de mirar que no sirve para nada más que para hacerlo todo más difícil.

Enviado el 19 de Julio. << Volver a la página principal << | delicious

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