« Bolaño, insufrible - Neirlay Andrade | >> Portada << | Safari literario - Manuel Lucena Giraldo »

Julio 24, 2010

Escrito en Cuadernos - Juan José Sebreli

Originalmente en adn*cultura

lacan-tele.gif Quién gana en el juego - Durante un campeonato de ajedrez le preguntaron a Miguel Najdorf quién ganaría, si el norteamericano Robert Fischer o el ruso Boris Spaski. Contestó sin titubear: Fischer. Los dos eran grandes ajedrecistas, pero a Spaski además le gustaban otras cosas; amaba la buena vida. Fischer era sólo un ajedrecista.

Las películas The Hustler (Robert Rossen, 1961) y The Cincinnati Kid (Norman Jewison, 1965) muestran a dos famosos jugadores, de pool la primera y de póquer la segunda. Uno joven y otro viejo, habían llegado de distintas ciudades para enfrentarse en un memorable duelo. La partida se alargaba y el joven, que iba ganando, se embriagaba y fanfarroneaba con un presumido triunfo. El viejo, en cambio, frío y calculador, cuya única pasión en la vida era el juego, se tomó su tiempo, esperó que el otro se cansara, y al final ganó.

La pasión por el juego, no menos que por el cine, la música o el coleccionismo de cualquier clase, libera al hombre de la angustia. Un personaje de Balzac, jugador empedernido, estaba deprimido y había decidido suicidarse cuando llegó un amigo y le propuso una partida. El suicida en ciernes abandonó de inmediato su proyecto y corrió entusiasmado a la mesa de juego. Hay pasiones que pierden al hombre, pero el que no tiene ninguna está irremisiblemente perdido.

Visita a Poupeé Blanchard - Con Dora F. visité a Poupeé Blanchard, ex mujer de Rodolfo Walsh, en su departamento de Viamonte, entre Callao y Rodríguez Peña. Decorado en un deliberado estilo kitsch, pequeño, íntimo, cálido y colorido, con muchos objetos de Hollywood Bazar, una tienda de antigüedades, más bien de curiosidades, que había tenido con su madre, una ex actriz uruguaya, en la calle Santa Fe, desde 1941 hasta 1966. Poupeé habló de Rodolfo Walsh y señaló su personalidad de militar frustrado. El hermano era marino y él no había sido admitido en el colegio militar por problemas en la vista. Tuvo su mayor satisfacción cuando pudo vestir el uniforme militar del ejército cubano. ( Diario , 22 de abril de 1998.)

Marie Laurencin - en una exposición de remates de Bullrich vi varios cuadros de Marie Laurencin: mujeres jóvenes con ropas vaporosas, rostros pálidos y ojos de almendra, todo esfumado, diluido en tonos pastel con predominio de celeste, rosado, gris y verdes suaves.

Observé que esa artista tardorromántica, fuera de época pero exitosa sobre todo por sus decorados y vestuarios de los Ballet Russes aunque desdeñada por la crítica y hoy olvidada, mucho influyó en la pintura argentina del temprano siglo veinte: en Norah Borges, en Mariette Lydis, algo en Raúl Soldi. Pero sobre todo sus figuras estilizadas y sus rostros de maniquí, hieráticos, impasibles, los ojos rasgados y vacíos han inspirado los dibujos de las tapas de El Hogar , cuando esta revista era, en los años treinta y cuarenta, la formadora del gusto porteño. Algunas de esas portadas eran obra de López Naguil o de Jorge Larco, este último mejor dibujante que Laurencin. Esos rostros totalmente artificiales parecen a la distancia el reflejo de la mujer emblemática de la época cuando, en verdad, sólo unas pocas sofisticadas imitaban con sus afeites y poses a las modelos de Laurencin.

Victoria y yo - Pepe Bianco me contó que un día, al ver a Victoria Ocampo llegar a la redacción de Sur mejor vestida que de costumbre, le dijo asombrado: "¡Victoria, cómo se ha venido hoy! Si la ve Sebreli va a decir que es de la oligarquía". Victoria Ocampo, alzando los hombros, replicó con un juego de palabras: " C´est vrai " (suena "sebré").

De París a la estancia - Durante una estadía en Dolores fui invitado a la estancia Las Dos Talas, de Bebé Sansinena de Elizalde, para dar una conferencia. En el casco vivían sus descendientes, que me mostraron las dependencias, los muebles de época y una delicada mesa de Jean-Michel Frank.

En la época de la inuguración de Las Dos Talas los alrededores eran puro campo. La estación ferroviaria Sevigné se construyó especialmente para los que iban a la estancia, ya que nadie más vivía por esos lugares. Se decía que cuando llegaba Bebé Sansinena, el jefe de estación hacía desplegar sobre el pastizal una alfombra roja hasta la entrada del casco. La alfombra sobre la pampa, más allá de sus intenciones ceremoniales, resultaba tan surrealista como el piano sobre los Alpes que reclamaba Rimbaud.

Elocuencia - En un homenaje al psicólogo Ludwig Binswanger, Lacan comenzó su alocución diciendo "seré breve" y habló más de una hora. Al terminar, Binswanger le dijo: el secreto de la elocuencia es no tener nada que decir.

La experiencia de escuchar a Lacan era única: pronunciaba una frase, la dejaba sin terminar, hacía un largo silencio mientras se arreglaba la corbata o se movía mirando fijo al público, seguía otra frase que no tenía nada que ver con la anterior y quedaba igualmente inconclusa; otro silencio, así indefinidamente. A veces simulaba estar enojado, como si estuviera convencido de lo que decía.

Exiliados en el Paraíso - Cuando Buenos Aires era una fiesta, Gertrude Vanderbilt llegó a estas costas en su yate particular. La millonaria norteamericana frecuentó una boîte Chez son Altesse , de rusos blancos escapados de la revolución bolchevique. Allí se enamoró de uno de los músicos de la orquesta que sólo ejecutaba balalaikas y lo llevó consigo, pero lo obligó a convertirse en músico de jazz.

Pedagogía salvaje - Asistí al curso de estética de Jorge Romero Brest en el viejo edificio de la Facultad de Filosofía y Letras de la calle Viamonte. Romero Brest no ocultaba el fastidio que le provocaba la ignorancia de sus jóvenes alumnos. Un día les espetó: "Ustedes vienen a estudiar estética pero no tienen la menor idea, ni siquiera gusto por el arte. ¿Quién sabe a qué estilo pertenece este edificio donde pasan buena parte del día?". La pregunta era meramente retórica y, tal como lo esperaba, ninguno respondió.

Acerca de Picasso - Encuentro con Romero Brest en su casa, enero de 1989. Le pregunté sobre Picasso, respondió que no tuvo un sistema, sólo hizo experiencias. Ni siquiera Guernica era una obra maestra, ya que no revelaba un sistema. Matisse, por el contrario, fue toda su vida coherentemente sistemático. A la pregunta de a quién prefiere, contestó: no tengo preferencias. ( Diario , 18 de enero de 1989).

Pequeños mitos porteños - Muchos pequeños mitos porteños surgen de las letras de tango, con frecuencia de las escritas por Enrique Cadícamo. Las figuras más comunes de esa mitología se refieren al paso del tiempo: el que regresa al barrio y a la casa natal después de veinte años, viejo y fracasado; el reencuentro con la mujer amada de la juventud convertida con los años en una "bacana" o, a la inversa, en "una vieja mendiga harapienta". Otro mito es el del "trío más mentado". Roberto Cossa describió en El viejo criado la fórmula del "trío"; los tres debían estar juntos durante varios años, hacerse ver siempre en los mismos lugares, con preferencia por las calles del sur sin pasar de Independencia al norte y de Entre Ríos al oeste. Tanto era así que una vez el integrante de un trío cruzó Entre Ríos para comprar cigarrillos y se desprestigió. Había que caminar despacio con rostro torvo y hablar poco. Después de un tiempo debían separarse para que todo el mundo hablara sobre la disolución del trío.

Hamlet travesti - Pedro López Lagar, más tarde uno de los mejores actores de teatro y cine argentino de su época, era la primera figura masculina de la compañía española de Margarita Xirgu, y le insistía para que representaran Hamlet ; por supuesto, se reservaba el papel protagónico. Finalmente la Xirgu escuchó el consejo y decidió dar la tragedia shakespereana pero, imitando a Sarah Bernhardt, asumió travestida el papel del príncipe. López Lagar no se lo perdonó y abandonó la compañía. Sin embargo, cuando fue un actor famoso y hubiera podido cumplir su deseo, vaya a saberse por qué razones nunca se atrevió a hacer al dubitativo personaje.

El amor por los perros - El taller adonde llevaba los cuadros a enmarcar daba sobre el patio de una vieja casa. Allí merodeaba un enorme perro que entró en el taller y me curioseaba. El marquero lo quiso echar a los gritos y yo, compadecido por el animal, lo acaricié. Cuando ya me iba, en la puerta de calle sentí una caricia húmeda en mi mano: era un beso del perro agradecido por mi gesto. Mi amor por los perrros -nunca tuve uno- estaba destinado a ser tan fugaz como muchos de mis amores callejeros.

Orson Welles - Volví a ver, después de mucho tiempo, El ciudadano y comprobé una vez más lo certero del juicio de Pío Baroja: el cine suele ser una combinación de buena fotografía y mala literatura. El libro es superficial, apela a una historia convencional, la vida de un vulgar egoísta, al lugar común sobre la riqueza y el poder que no otorgan la felicidad, y a un psicoanálisis silvestre que descubre la clave de una vida en la infancia.

Sobrevive, en cambio, el primer deslumbramiento por su plasticidad, la calidad de la imagen, obra del director de fotografía Gregg Toland más que de Orson Welles. Claro está, hoy asombra menos porque la mayoría de sus osados efectos se ha transformado en cliché del último período del cine en blanco y negro, los trasfondos lejanos, los violentos claroscuros, las perspectivas de puertas interminables, los juegos de espejos, las escenas reflejadas en los cristales de una ventana, las luces filtradas a través de la banderola de una puerta, las escenografías techadas y vistas desde abajo, los audaces movimientos de cámara. En el convencional y desabrido cine norteamericano de esos años fue una bocanada de aire fresco, aunque muchas de esas innovaciones, como la profundidad de campo, ya habían sido usadas desde la época muda y los claroscuros remitían al expresionismo alemán. Las voces y los ecos provenían del radioteatro y otros recursos derivaban de la novela norteamericana, el desorden temporal de William Faulkner y la intercalación de los noticiosos de John Dos Passos. Welles tuvo el talento de sintetizar todos esos elementos dispersos y dar el impulso inicial para una de las mejores épocas de Hollywood, la del cine negro de los años cuarenta y cincuenta.

Enviado el 24 de Julio. << Volver a la página principal << | delicious

Publicar un comentario.

[ Netiquette: Protocolo de publicación de comentarios ]

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del administrador del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: