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Abril 19, 2010

Nubes y cenizas - Safaa Fathy

Eyjafjöll.jpg "Vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.” Borges, El Aleph.

Ningún avión despega de los aeropueros del norte de Europa, y esta parálisis va ganando terreno también en el sur. Prácticamente ningún jefe de Estado ha podido llegar a Cracovia a los funerales del presidente polaco Lech Kaczynski y de su esposa, muertos en un accidente de avión. El sábado varios participantes en la reunión de ministros de finanzas de la Unión europea abandonaron precipitadamente Madrid con el fin de encontrarse atrapados de pronto.

Las nubes del volcán Eyjafjöll, provenientes de las profundas entrañas de un glaciar que multiplica sus efectos no dan muestra alguna de querer apaciguarse. Esto podría durar semanas.

Aeropuertos fantasma, aviones enclavados en tierra, viajeros sin viaje, aislamiento terrestre. Lo secreto y lo oculto provenientes del fuero interno de la tierra retoman el poder sobre los hombres y sus máquinas, no hay nada que hacer. Sin embargo, hay algo que ver: las imágenes.

También algo que percibir: nuestra enorme impotencia. Ver y percibir se fusionarían en una suerte de clarividencia que por más que intento, no alcanzo a definir. Una clarividencia que podría ser análoga a ese punto llamado Aleph, la primera letra del alfabeto árabe, que condensa el universo en un sueño. Una inmersión en un fondo visible, que por exceso de visibilidad, se vuelve invisible.

¿Será esta la dramaturgia del acto tragicómico al que asistimos llevando puestos como lentes unos telescopios?

« En el fondo siempre nos habíamos detestado », dice Borges en El Aleph. Me gustaría decirle a él, aunque nosotros no nos hayamos detestado, que encuentro esa misma animadversión en el aire... Si cerráramos los ojos para no ver la oscuridad que nos envuelve, ¿tendríamos un minuto de silencio para mirar en el fondo de nosotros mismos, los pozos del ser más alla del fenómeno? Acaso, ¿estamos frente a esa oportunidad?

Todo se parece mucho a una escena teatral similar a la del Aleph de Borges, en la que simultaneidad y multiplicidad de la mirada se erigen como el punto por el que se desmoronan todas las fronteras en una simple tirada de dados: dentro-fuera, interior- exterior, antes-después, adelante-atrás.

El viaje se precipita y se convierte en trampa: o se toma el tiempo o se huye de él. La tierra ha recobrado sus derechos sobre el aire. Se podría decir que hay mucho enojo en su interior. Una erupción volcánica en una isla del norte paraliza todo. Freud llamaría a esta imagen Unheimlich, la inquietante extrañeza.

Somos testigos de que el contrato de transporte aéreo entre un pasajero, con ticket en mano, y una compañía de viaje se convierte en puro espejismo. Espejismo, fuga fantasma, número de teléfono fantasmagórico que emite mensajes que se diluyen autoaniquilándose: "sí usted se ha comunicado con el número solicitado, el número que marcó no está disponible".

Esto con el fin de reservar otro lugar, en una fecha posterior, a una enamorada a los brazos de su amado, para quien la espéra es retorno. Desplazamiento diferido, arraigo forzado, imposibilidad del movimiento salvo por vía terrestre y telúrica.

Accidente, aterrizaje forzado fantasma sin avión, en una suerte de repetición eso sí, de mayor amplitud que el de ese otro accidente que golpeó a los aeropuertos del mundo tras los atentados del 11 de septiembre.

Ceguera. El polvo ciega los ojos, destruye meticulosamente los motores, perturba la visibilidad y paradójicamente todo ese polvo podría disiparse con un tormenta de truenos. Pero no, las condiciones anticiclónicas reinan en Europa. Esos rayos de sol tan deseados conllevan la no-visibilidad.

¿Acaso todo esto no trata del ojo? El Geheim, secreto, lo oculto en las profundidades emerge como una columna de humo que se acerca por la forma de sus contornos y por su verticalidad catastrófica a la nube radioactiva de una explosión nuclear, que coincide en el espacio y el tiempo, con lo que -sobre temas nucleares- escuchamos cada mañana en las radios.

El aire, el cielo e incluso la visibilidad han sido vencidos.


18 de abril 2010.

Traducción María Virginia Jaua

Enviado el 19 de Abril. << Volver a la página principal << | delicious

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