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Abril 14, 2010
Desplegar el trauma - Fernando Castro Flórez
Originalmente en ABC.abcd
Unfolding the Aryan papers Jane y Louis Wilson
Aunque parezca fácil caracterizar a un obsesivo, el archivo se torna finalmente, más que obvio y manejable, evanescente y críptico. Si añadimos el rasgo de la megalomanía, la tarea puede ser tan absurda como la de Sísifo. La revisión de los archivos de Stanley Kubrick por parte de Jane y Louise Wilson no termina ni mucho menos en el fracaso, que era algo que al meticuloso director de cine le interesaba en demasía.
Gian Piero Brunetta subrayó que el universo del artífice de Odisea del espacio está dominado por el determinismo casual, por voluntades superiores de tipo demiúrgico que deciden por nosotros, imponiendo una lógica repetitiva y reversible. En cierta medida, lo que intentan los personajes de Kubrick es salir por alguna grieta de ese Destino o, por lo menos, emplear sus fuerzas para oponerse a él. Desde el sacrificio final de Espartaco a la imposible cura a través del «tratamiento Ludovico» en La naranja mecánica, de la orgía frustrante de Eyes Wide Shut a la ejecución injusta de Senderos de gloria, queda un regusto de amargura, como si todo heroísmo estuviera condenado a seguir la delirante senda de la amartía, aquel errar inconsciente hacia la ceguera.
Choque de gigantes
Las hermanas Wilson, en una lúcida inmersión en los archivos de Kubrick, descubrieron el guión de una película que éste decidió no filmar: Aryan Papers. En abril de 1993, la Warner anunció que comenzaba la adaptación de la novela Wartime lies, de Louis Begley, que trata de las penalidades de un huérfano judío que consigue huir del gueto de Varsovia en compañía de su tía. Según parece, el éxito de La lista de Schindler, dirigida por Steven Spielberg, hizo que Kubrick abandonara un proyecto para el que ya había realizado tareas de localización e, incluso, seleccionado a los actores.
Precisamente Jane y Louise Wilson focalizan su pulsión de archivo en una actriz, Johanna ter Steege, que tendría que haber interpretado en esa película abortada a Tanya. En el fascinante vídeo que han montado en una sala ampliada asistimos a una rememoración de esa mujer que se había preparado durante meses para interpretar un papel que aumentó su dimensión traumática. El testimonio de la decepción está entrelazado con las anécdotas sobre el perfeccionismo de Kubrick, pero, sobre todo, esa actriz, que nos da la espalda en muchos momentos está materializando el paso del tiempo y la compleja tarea de rememoración.
«En realidad -afirmó Stanley Kubrick-, el cine opera en un nivel mucho más cercano a la música y a la pintura que al de la palabra impresa y, desde luego, ofrece la posibilidad de transmitir conceptos y abstracciones complejas sin el tradicional apoyo de la palabra». Sin embargo, el discurso testimonial de Johanna ter Steege revela aquello que literalmente queda sumamente hermético en las fotografías de las que las Wilson se «apropian» del archivo del cineasta. En esas imágenes en blanco y negro aparecen individuos midiendo espacios arquitectónicos, e incluso una señal de circulación en la que leemos una palabra de resonancia benjaminianas: «einbahnstrasse». Una vez más es el detalle lo que organiza todo; la punctualización de ese minucioso proceso de medirlo todo lleva a convertir la unidad instrumental, ese patrón del pasado, en una escultura.
En la encrucijada
La estética de la postproducción, en el sentido de Bourriaud, está perfectamente contrapesada por la indagación archivística de las gemelas Wilson. Lejos de la banalidad inercial y compulsiva de los artistas que pretenden ser dj´s, este despliegue del material dejado de lado por Kubrick nos sitúa en la encrucijada de dos historias: la de la decepción en boca de la actriz por aquello que no pudo ser y el referente siniestro del Holocausto como realidad traumática que también falta. Las impactantes fotos de una mujer adentrándose en una estancia de la librería anticuaria Maggs de Londres remiten, en una densa alegoría, a lo velado o incompleto de la Historia; porque esos libros antiguos que vemos acumulados no son otra cosa que primeras o segundas ediciones incompletas y están a la espera de restauración, esto es, de páginas que reparen lo que falta.
El vídeo de las Wilson es en buena medida un libro que se despliega y también el intento de dar cuerpo a algo que nunca llegó a existir. Stanley Kubrick dejó para su último acto otro tipo de desastre diferente al perpetrado por los nazis; en su mente febril no dejaba de resonar la Traumnovelle de Schnitzler que es una inmersión en la sexualidad y el inconsciente. Pero, por más que apretemos fuertemente los ojos, no dejaremos de ver el trauma histórico que, como comprendemos gracias al intenso proceso del unfolding, es algo que desea palabras, precisamente porque la ausencia y el desgarro sigue alimentando obsesivamente la memoria. Se trata de una catástrofe que (no) tuvo lugar.
Enviado el 14 de Abril. << Volver a la página principal << |

Comentarios
me gusta que todo lo que escribes no me gusta
te has metido con kafka y ahora con kubrick.
gente que respeto y disfruto por su inteligencia y su clase.
te sugiero que sigas con philip k dick y antonin artaud gente que ademas amo profundamente.
me diviertes gracias amigo<>
comentario de: jorge de marco ruano enviado el Abril 16, 2010 08:19 PM