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Marzo 13, 2010

Muchas historias sencillas - Mauro Libertella

Originalmente en revista ñ

davidLinch-u.jpgExiste un lugar común muy difundido en ciertos cír­culos de la cultura letrada que dice que David Lynch es un cineasta impredecible. ¿Qué espe­rar del tipo que un día filma una película noir onírica como Carre­tera perdida y que al año siguiente estrena Una historia sencilla , esa especie de culminación de la road movie realista? Se escucha proferir esos y otros dislates, que esconden una vacilación a veces temerosa, como si de un artista hubiera que esperar siempre la confirmación de una misma verdad estética. Quizás, si mirásemos todo lo que filmó Lynch desde cierta pers­pectiva, podríamos aventurar la hipótesis de que su cine siempre combatió la interpretación. Ante la pregunta de qué significan pelí­culas como Imperio o Mulholland Drive , la pantalla misma nos de­vuelve una respuesta límpida, im­placable, escondida bajo la forma de otra pregunta: "¿qué importa?" Ahora, para seguir desconcertan­do a los que ya no saben qué es­perar de él, lanzó vía Internet un proyecto curioso y adictivo que se llama Interview proyect (http://interviewproject.davidlynch.com/).

El asunto es así: hace ya varios meses, Lynch armó con su hijo Jason un equipo con el que reco­rrieron 30 mil kilómetros de suelo americano, durante algo más de dos meses, entrevistando a anóni­mos en una suerte de fresco de la Norteamérica contemporánea. La idea es subir a la Web una entre­vista cada tres días, y el proyecto ya raya los ciento veinte videos. Las entrevistas están presentadas por el propio Lynch y, de nuevo, todo confabula hacia una idea de la interpretación nula: refiere dónde vive el entrevistado, cómo se llama y de qué trabaja. Eso es todo. Como si la propia entrevista fuera ya demasiado elocuente y se resistiera a más palabrerío.

La marca oral

Si bien la presentación del pro­yecto es notablemente original y hace un buen uso de la tecnología –Internet, diseño, cámaras digita­les que arrojan una visualidad de alta definición–, el concepto tiene un fuerte arraigo en la tradición norteamericana, porque Estados Unidos es un país muy afecto a la noción de la "historia oral". El género hizo cumbre sobre todo en el mercado del libro, y sólo basta tipear "oral history" en la página de Amazon para que broten cientos de libros que cuentan la historia de las ciudades, los presidentes, la música rock, las artes plásticas. Quizás uno de los libros de ese formato que más afinidad tiene con el proyecto de Lynch es Street lives (compilado por Stephen Van­derStaay), una historia oral de los homeless americanos. Es como si el país en el que Warhol dijo que todos tendrán sus quince minutos de fama, hubiera encontrado en el ciudadano anónimo el verdadero centro de su identidad.

En las entrevistas del Interview proyect las personas aparecen ge­neralmente encuadradas en sus lugares cotidianos: una fábrica, el fondo de una chacra, la calle de un pueblo sureño, la entrada de esos típicos chalés en donde la gente se sienta en una silla mecedora a ver pasar el tiempo. Hay en esa decisión fotográfica dos probables ideas. Por un lado el azar, que es fundamental para la verosimilitud del proyecto –esa persona estaba ahí, haciendo su vida, y se chocó de pronto con Lynch y su escua­drón–; por el otro, una idea de de­terminismo geográfico. El hombre es uno y su contexto, y la cámara tiene que dar cuenta de esa doble verdad. Esa cuestión casi edilicia está llevada hasta su extremo en otro gran documental, Edificio Master , en el que un grupo de do­cumentalistas filmaron a decenas de personas en sus departamen­tos en un mítico edificio de Río de Janeiro. Y si en Edificio Master la sensación de vértigo surgía por la certeza de que todas esas vidas disímiles estaban a sólo centíme­tros unas de otras, en Interview proyect el vértigo es producto de la vastedad, de los infinitos mati­ces que sugiere el largo territorio norteamericano.

Por lo demás, algunos faná­ticos- freaks del cine de Lynch ya están buscando en las entrevistas referencias ocultas a las películas del maestro, como si en realidad todos esos anónimos que dan su testimonio fueran personajes de una película involuntaria y sinies­tra. Ahí está por ejemplo Hike, una señora amable y de acento imposible que subida a su poda­dora de césped parece estar a pun­to de meterse en el guión de Una historia sencilla . Probablemente, la verdadera marca de lo lyncheano en Interview proyect esté en todo lo que no se ve, como si una mano invisible pero definitiva hubiera arrojado aquí y allá pequeños gi­ros de sentido: un sonido, la ca­sual irrupción en el plano de un animal o un camión oscuro, una historia de vida truculenta. Y eso es todo. Nada más y nada menos.

Enviado el 13 de Marzo. << Volver a la página principal << | delicious

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