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Febrero 07, 2010
Canibalismo museal en El Prado - Fernando Castro Flórez
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No hace falta ser el coronel Kurtz (aquel que es ya más el de Apocalipsis Now que el del Corazón de las tinieblas) para experimentar el más completo horror. Basta con pensar en el elefante que hace equilibrios sobre la trompa, estricto “autorretrato” de Barceló que viene a completar el conjunto de operaciones cutres de “arte público” de “la Caixa” en el edificio de Herzog & de Meron que acaso ya no flote sino que aluda al batacazo inminente. En cierta medida, se trata de practicar la política del “sostenerla y no enmendarla”, esto es, una prodigiosa terquedad que hace que si algo se ha realizado de pena (por ejemplo, el affaire que va de la infame cúpula de gotelex prehistórico al Pabellón de la Bienal absolutamente demodé no solo no aparezca ningún gesto correctivo sino al contrario la insistencia en la torpeza adquiera la dimensión de lo académico.
Con todo, la (des)vergüenza no es únicamente en nuestros días propia del arte pompier (estatalmente subvencionado) sino la de lo que llamaré estrategias de canibalismo museal. El mejor representante de este comportamiento aborigen es, sin ningún género de dudas, Miguel Zugaza, timonel del Prado y anteriormente de otras instituciones a las que llegó imberbe pero perfectamente engominado. Desde hace años alimenta el sueño de lo que llaman, rimbombantemente, El Gran Prado que consiste, por no marear la perdiz, en anexionarse el Reina Sofía y así poder hacer de todo y, especialmente, el arte contemporáneo que, por alguna razón que ahora no puedo entender, es lo que más mola. Primero fue la exposición lamentable de Cy Twombly que tuvo su particular Lepanto (derrota ominosa y nostalgia perpetua de lo sido) entre los muros de la ampliación desastrosa de Moneo, luego los festivales de Bacon que permanecen en la memoria como uno de los montajes más malos de cuantos he podido ver singular situación la de hacer la peor exposición de un artista contando con sus mejores cuadros), en tiempos intermedios surgía el proyecto, luego desmentido como establece el ritual, de encargar un Serra contundente para decorar algún zaguán, entrada tipo garaje o pasillo desolador.
Por supuesto, el barrizal de Barceló era lo más adecuado para reabrir el Casón. Faltaba la traca: el viaje anhelado y monumental del Guernica. Da igual, aparentemente, si eso suponía desnudar a los otros como tampoco hay que preocuparse porque la gracieta requiera recolocar ciertos cromos, como el de las lanzas o ese otro de una carga o uno más con fusilamiento incluido. En la maqueta era evidente: aquello quedaba “guachi”. Zugaza había tenido una idea, de la misma forma que otros líderes habían tenido un sueño. Seguramente estaba aburrido y con ganas de cumplir lo que suele calificarse como “destino histórico”. Tras haber legitimado o, por lo menos, acatado el informe que “descatalogada” El Coloso ahora tenía que hacer algo colosal. Perpetró el asunto, por emplear terminología para-procesal, “solo o en compañía de otros”. Estas quimeras traer el recuerdo de aquel catedrático, con dotes de titiritero, que lo mismo te da seminarios y conferencias en el antro de la oposición que te comisaría una quijotada o suspira por un poeta chino del siglo VI.
Lo importante es hacer caja y, para complacer a los políticos, montar de cuando en cuando colas en “megaexposiciones” que suelen ser, como sucediera en la de Goya, un ejemplo de falta de rigor. Tal vez lo que impulse la ofensiva caníbal sea la convicción de que ocupándose del presente podrán entregarse sin remordimientos a la frivolidad y al espectáculo sin excusas. El Prado se quiere tragar crudo o cocido (eso es cosa que ahora no se discute) al Reina Sofía. De momento, al diplomático Zugaza, colocado más allá del bien y del mal (ajeno su carguete al código tan sobado de las Buenas Prácticas), le han corrido a palos. Ni siquiera sus habituales adláteres han salido a frenar los improperios. Tenía que comerse el marrón él solo por avaricioso. Algunos piensan que el tema está zanjado y que el papelón agrietado de Picasso sedimenta la consigna del “no pasarán”; creo que están equivocados: estamos en los primeros rounds. El festín de los caníbales no puede aplazarse.
Enviado el 07 de Febrero. << Volver a la página principal << |

Comentarios
Una pregunta tal vez cándida: ¿porqué consideras mala la exposición de Bacon y cual consideras que debería haber sido la ampliación del Prado?
Entiendo por lo que voy leyendo en esta web que el desmedido protagonismo de determinadas personalidades con trascendencia en sus decisiones de actuación está produciendo un período ya largo de picaresca cultural bastante vergonzoso, cada vez se habla más de la gestión y de la parte crematística que del trabajo de creación (parece ser lo menos importante...); por muy viciado que esté todo alguna oportunidad tiene que haber para salir del lodo, verdad?
Te lo pregunto a ti, Fernando Castro, porque has estado en ambos lados y me gustaría que me lo explicaras, si es posible.
Un saludo y gracias.
comentario de: pepe enviado el Febrero 8, 2010 07:31 AM
estimado Pepe,
supongo que pudiste ver la exposición de Bacon apretadísima en el espacio de la ampliación que, como he dicho en otras ocasiones, me parece fallido. La ordenación de los cuadros era sumamente académica pero, al mismo tiempo, no permitía que se pudiera apreciar la auténtica intensidad del artista. Había, por ejemplo un ámbito en el que se dispusieron las monumentales crucifixiones sin espacio para que el espectador pudiera contemplarlas. Parecía como si tan sólo se quisiera aplastar la mirada del otro. En general, considero que falto criterio curatorial. Por otro lado, pienso que no pinta nada Bacon en el Prado. Entre otras cosas porque la división histórica de las colecciones entre el Prado y el MNCARS hace que sea en este segundo ámbito donde tenga que exponerse a ese tipo de artistas. Por cierto en el Reina hay, desde hace años, obra suya. Se trató de ese proceso de "anexión" al que aludo en mi sarcástica nota caníbal.
un saludo cordial,
fernando castro.
comentario de: fernando castro enviado el Febrero 9, 2010 12:00 AM
Gracias por tu comentario Fernando, vi esta exposición apretada como dices, me sorprendió que la ampliación esté más enfocada a espacios comunes que expositivos, las salas me parecieron muy reducidas para lo que se supone es su función y aunque pienso que el Prado necesitaba una mayor disponibilidad de espacio para albergar su colección, es sorprendente que este no haya sido el fin de la tan comentada ampliación, el cubo parece un lugar de reunión de domingos y fiestas de guardar.
Tengo la sensación de que la misma confusión creativa y comercial que hay en el mundo del Arte en estos últimos años es sólo la punta del iceberg de un problema más profundo sobre en qué se ha convertido este mundo.
He descubierto recientemente esta página y cada vez que la leo me quedo con la boca abierta :), lo triste es que hay un rechazo popular y general a todo tipo de manifestaciones artísticas contemporáneas y al mismo tiempo un populismo feroz con instituciones y fundaciones buscando asistencias masivas (y las consiguen...) para justificar la calidad de sus programaciones "culturales", parece que nadie entiende nada pero acude como ovejas a la llamada del pastor.
Me considero un salvaje del Arte, aunque la ferocidad que veo generalmente no es la que me interesa.
Un saludo.
comentario de: Pepe enviado el Febrero 9, 2010 07:50 PM
Excelente comentario Fernando, es un gustazo respirar un poco de aire fresco en la atmosfera del arte español oficializado.
comentario de: Mariano de Blas enviado el Marzo 1, 2010 07:40 PM
Le felicito señor Fernando Castro por su perspectiva realista. Su artículo me ha parecido brillante por lo que afecta al canibalismo museístico ( la obra de Goya es espléndida ). Pese a que soy joven y aún me queda un largo camino en este mundo del Arte, estoy conforme con la visión del pastor y las ovejas (que han apuntado más arriba),...Esta situación es exclusiva en España o en los EUA, por ejemplo, difiere? Muchas gracias.
comentario de: Sandra Gabarrós enviado el Marzo 24, 2010 08:59 AM