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Enero 19, 2010

No disculpamos las molestias - Fernando Castro Flórez

Originalmente en ABC.abcd

cellu9.jpg Todos estamos al corriente del desastre. Especialmente los que vivimos en la capital del Reino. Son dos décadas implacables en las que hemos asistido a la furia perforadora y al desmantelamiento frenético de las aceras. Tamaña tenacidad merecerá pasar a la Historia (aunque sea a aquélla que Borges denominara universal e infame), porque no es fácil molestar a todo el mundo al mismo tiempo. Cuando una calle estaba aparentemente terminada aparecía una brigada que volvía a emplearse a fondo en la tarea de abrir la zanja del siglo. Capitalismo en estado puro o deconstrucción por un tubo. Sin decepción, ni descanso continúan erre que erre y, para curarse en salud, colocan el cartelón de «disculpen las molestias». Es fascinante la santa paciencia del ciudadano o acaso ha sido abducido por el «sueño Olímpico». También sucede que la falta de alternativas junto a la neutralización completa de la crítica han llevado a un sufrido acatamiento del status quo.

IDEOLOGÍA DEL CONFORT
Desde los ochenta, Florentino Díaz ha trabajado en torno a la cuestión de la «ideología del confort», a la transformación de lo doméstico y la destrucción del espacio público. Es, sin ningún género de dudas, un artista de una extraordinaria coherencia e intensidad, como pudo advertirse en su exposición en el Centro de Arte Caja Burgos titulada El estanque de las tormentas (2007). Allí venía a revisar su trayectoria con las conocidas casas esquematizadas, construidas con perfiles metálicos y chapas de colores, esas otras en las que emplea maderas de cajas de fruta o el mobiliario compuesto con cinta de caucho. También podíamos comprobar que lo fotográfico ha tomado cada vez más importancia, ya sea al captar un portal lleno de andamios, un paso subterráneo okupado por los homeless o las horrendas obras de la M-30 que han destruido, entre otras cosas, el parque de la Arganzuela. Una impresionante estancia construida con puertas recicladas sometida a una suerte de lluvia infinita monumentalizaba este imaginario de gran potencia crítica.

Porque Díaz no es un formalista o un decorador postmoderno; al contrario, su actitud ha sido siempre la de alegorizar el fracaso de lo político. Cuando me comentaba el sentido de una cabeza inmensa, presente en una pieza que expone en Formato Cómodo, bajo las letras metálicas que invierten la frase «use la toalla», advertía que podía aludir a un personaje corrupto o alguien que sufría la corrupción. Efectivamente, los descerebrados se hicieron con el control de la cosa y así nos luce el pelo a todos. La cultura del ladrillo y la tradición del pelotazo, unida al enchufismo y el pesebre de la clientela, han dejado, más que la casa sin barrer, la tierra absolutamente baldía.

Las fotografías recientes de Florentino Díaz son desoladoras, aunque solo dan cuenta de lo que está literalmente a la vuelta de la esquina: el desaguisado formado en la Carrera de San Jerónimo; un solar deprimente en el parque de las Vistillas; la Academia de Historia cubierta por un velo, como si fuera un embalaje de Christo y Jean-Claude. Con vigor se aparta de la ortodoxia de Dusseldorf y de esa poética de las fachadas que geometriza y deliberadamente oculta lo que pasa, esto es, la completa impostura urbanística.

UNA AUSENCIA
Como contrapunto utópico de la ciudad desmantelada Díaz emplea la imagen del «jardín de Goethe». Con ello se refiere a una ausencia: «Ausencia -escribe de forma escueta pero precisa- de la razón, de la lógica del pensamiento en el ordenamiento de la ciudad. Ausencia de espacios públicos abiertos, de calles y edificios sin compactar. Ausencia de jardín, sustituido por minijardines metidos en ataúdes de hormigón». La cosa es dramática y no hace falta más que ver los maceteros que proliferan por la ciudad, el gusto hortera, la vocación de destrozar lo poco que merecería la pena conservar. Lo malo es que hasta uno tiene que darle la razón a «la Baronesa» cuando cubría su cuerpo con cadenas.

Es lamentable que nadie levante la voz cuando los bordillos inmensos de granito pavimentan el despropósito. Florentino Díaz, con toques de fino sentido del humor, da en el blanco cuando coloca una figurita bajo un mínimo techado metálico con la pregunta inquietante: «¿Y ahora qué?» Tal vez las cabezotas «pensantes» (si tal cosa no es un oxímoron) sean cómplices del «Planeta de los Simios» o pretendan ingenuamente que nos traguemos sus retóricas disculpas. No son tan cretinos para ignorar que lo están haciendo de pena, aunque ése su proyecto no tenga que ver nada con la comodidad ni con la comunidad; se trata evidentemente de mantener caliente el sillón o, si son muchos, el sofá. Florentino nos recuerda que llueve sobre mojado, vale decir, que continúa la política corrupta y perforadora.

Enviado el 19 de Enero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

Un artículo impecable. Felicidades. Por cierto: ¿podria hacer referéncia del mismo en mi blog?.¿Publicar un trocito?

Anna Portell


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