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Enero 24, 2010

Frágil Eva Hesse - Javier Montes

Originalmente en ABC.abcd

portrait_evah.jpg «Querida Eva: aprende a decirle al mundo «jódete» de vez en cuando. Tienes todo el derecho. Simplemente para de preocuparte, de pensar, de mirar a tus espaldas, de preguntarte, dudar, temer, sufrir, buscar la salida de emergencia, luchar, aferrarte, confundirte, rascarte, murmurar, trastabillar, tartamudear, tropezar, resbalar, gruñir, lamentar, hacer trampas, revolver, insultar, criticar, aullar, sacudir, calcular, gemir, afilar, desollar, mesarte los cabellos, despiojarte, mearte, hurgarte la nariz, apretar el culo, meter el dedo en el ojo, señalar, escabullirte, aburrirte de esperar, dar pequeños pasos, mirar mal, rascarte la espalda, perseguir, colgar de tu percha, calumniar y roerte, roerte, roerte por dentro. ¡Para ya y simplemente HAZ!».

Así empieza una de las cartas de-artista-a-artista más famosas del siglo pasado: la que le escribió Sol LeWitt a su amiga Eva Hesse en abril de 1965. Justo a la mitad de su breve carrera artística: Hesse empezó a exponer en 1959 y murió de cáncer en 1970, con 34 años. La carta la recibió en Alemania, donde vivió ese año. Después volvió a Estados Unidos «contaminada» del arte europeo de posguerra, maduró rapidísimamente su voz y, en cinco años deslumbrantes, armó uno de los trabajos en torno a la escultura más poderosos, emocionantes (e influyentes) del siglo XX.

Rascar, despiojar, roer
La exposición de sus trabajos de estudio en el Camden Arts Centre viajará en primavera a la Fundación Tàpies. Y en la visita, uno, que ya admiraba la obra, admira ahora también la forma en que Hesse resuelve la elección obligatoria implícita en la carta. Porque estas piezas de cámara demuestran que se dedicó a «hacer» como le pedía LeWitt; pero a base precisamente de rascar, despiojar, calcular, desollar, trastabillar y roer en su estudio.

Estas miniesculturas -especie de muestrario a escala del conjunto de sus grandes obras- son un poco de todo: experimentos y esbozos, exploraciones y sobras, apuntes y remates. Y son también testimonio y resultado a la vez de la libertad formal y la capacidad inventiva de su última época. Al morir dejó un estudio lleno de estos trabajos, completos e incompletos, de materiales hasta entonces poco practicables para el arte «serio»: látex, fibra de vidrio, papel maché, cables eléctricos... Materia con problemas: quizá la fibra de vidrio acelerase el desarrollo del tumor cerebral que acabó matándola; los cables se endurecen y quiebran con el tiempo; y en estos cuarenta años, el látex carnoso y oscuramente erótico con el que trabajó se ha acartonado y amenaza con desmigajarse. Al final del gran catálogo de su retrospectiva de 2002 en el Museo de Arte Moderno de San Francisco hay una transcripción -muy literaria, a su manera- de la melancólica mesa redonda donde expertos, amigos y herederos discuten si hay que aceptar que muchas de las obras más importantes de Hesse se desintegrarán con el tiempo.

Y la verdad es que es difícil resistir la tentación de echarle literatura (y hasta novelería) a su personaje: una vida de libro que lo tiene todo para construir con sus mimbres una imagen romántica. Artista joven (y hermosa), talentosísima, nacida en Alemania y trasplantada de niña a EE.UU. en plena huida de los nazis; estudiante becada en Yale, joven amiga de teóricos y artistas como Lucy Lippard o Sol LeWitt; carrera artística de éxito truncada de forma trágica por su muerte en plena juventud...

En las distancias cortas
Si alguien escucha la historia y no ha visto nada de Hesse en vivo, podría preguntarse si la leyenda no habrá ayudado -consciente o inconscientemente- a sobrevalorar su obra. Bueno, la duda se resuelve sola cuando uno se enfrenta, cuerpo a cuerpo, a esa misma obra. La importancia de Hesse se afirma con el tiempo. Fue fundamental para conciliar contrarios y suturar brechas: Europa y América; minimalismo y surrealismo; formalismo y narración; escultura y todo-lo-demás. Se adelantó a toda una generación de artistas que recuperaron en los setenta y los ochenta el interés por el cuerpo, «borrado» por el conceptual y el minimal más sesudo de los sesenta.

Puede que sus materiales de la última época tengan una fecha de caducidad tristemente cercana; puede que algunas piezas míticas estén ya dañadas sin remedio; puede que llegue el día en que fotos y películas sean el único testimonio aceptable de cuál fue su aspecto original. Pero no serán, ni mucho menos, la única huella, ni el único recuerdo.

Enviado el 24 de Enero. << Volver a la página principal << | delicious

Comentarios

kunst ist kunst, me alegra ver una obra desconocida, el pequeño formato, siempre menospreciado, sobre todo en la escultura, la cocina tambien es arte, los pasos también son camino, el desarrollo, también llena, la plenitud, la sabiduria, esta en ti o no esta, maravillas del arte, no conocia la obra de Eva, creo que vale la pena y no se sobre valora nada, es un arte solo para iniciados o más esto es la lastima, el no poder llegar a entender/lo.
yo pintor de paredes con sensibilidad, en busca del ello.


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