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Septiembre 26, 2009

HIMNOS ESCONDIDOS* - Ignacio Castro Rey

Originalmente en ignaciocastrorey.com

nickcaveprofil.jpg Vivimos como soñamos, solos. Vivimos como soñamos, sin saber mucho de nosotros. Ahí está el nervio central de este erotismo un poco desgarrado que os envío. Esta primera entrega es parte de un tríptico que "propondría" -siempre nuestra libertad condicional- reescribir la historia de la música desde los ojos vidriosos de algunos seres mutantes. ¿Romanticismo? Puede ser, pero en este caso un romanticismo rabioso, cargado de un ánimo auténticamente "terrorista". Sabemos poco de la música, igual que de nosotros mismos. Por eso se puede asegurar que este mismo experimento se podría, se debería hacer también con la música clásica y contemporánea. Escuchar a Beethoven desde Stockhausen, a Wagner con Ligeti, Scelsi o Cage. Sí, es evidente que esta idea pone el listón un poco alto, pero el aburrimiento y el colesterol ya lo tenemos garantizado, ¿no es eso?

Además, sólo por las difíciles "caras B" se puede entender y soportar -o abandonar- a la "mayoría A". Por ejemplo, soportar el álbum llamado España gracias a los tonos minoritarios, a algunas esquinas. Y lo mismo vale para USA, U.K. y Francia. Los que hace veinte años que "odiamos" -no, no odiamos nada, sólo nos deprimen- a los Rolling, y casi tanto a David Byrne y a U2, entendemos que lo minoritario es crucial para entender el alma “popular” de lo mayoritario, su mutación interna, la posibilidad que late bajo su idiota satisfacción. Y esto tanto para transformar lo mayoritario como para dejarlo, abandonado a su suerte.

¿Qué hay entonces en esta música? Por un lado, un perla más de nuestra tristeza: la certeza de que siempre, incluso fundando comunidad, estaremos solos; el mundo jamás sabrá lo que amamos, nunca será como deseamos. Por otro, una onda de alegría pueril: siempre seremos imprevisibles, en cierto modo invulnerables. ¿Por qué? Debido a que extraemos nuestra fuerza de la más inconfesable fragilidad, invertida. Respiramos en el agujero negro de la "verdad", por eso nos podemos pasear por los bordes del mundo. ¿No es para estar eufóricos? En cualquier caso, se ha dicho a veces, la infancia no es una etapa cronológica más, sino el punto de fuga de todas las edades, una vacilación infinitamente adolescente que facilita el heroísmo de la decisión. Qué se le va a hacer, a pesar de nuestra fama de pesimistas, todavía creemos en los héroes. Pesimismo histórico y optimismo vital nos dan la mano.

¿Nick Cave y Hugh Hopper? Estos músicos no se sentarían en la misma mesa de mezclas. Entre el primer tema, Coming of spring de The Rapture y el siguiente, ese Tomorrow never knows del genio de Lennon, ya hay abismos -indiferentes a que ambos "himnos" estén separados por cuarenta años. ¿Qué tienen ellos en común, aunque no sepan nada al respecto? Precisamente el hecho de que, por no saber, lo hacen. Muy distintos, ellos tienen "lo que hay que tener" para darle forma a lo informe, a una deformación que nos ha formado. En suma, para darle forma a lo no elegido. Toda esta música celebra un accidente que nos ha cambiado. Criada en el dolor, se ha negado a ser marginal. Sea cual sea su futuro, los temas “escogidos” tienen en sí todos los sueños del mundo.

Empujándonos al borde lo audible, esta música desgarrada ha nacido de un único momento, de un solo golpe de peligro. Es portadora de la entereza y la intensidad de aquello que “no podría no haber sido hecho” (Rilke) porque ha nacido para darle forma comunicable a lo que irrumpió desestabilizándonos, arrancándonos de la degradación o de nuestra tendencia a la “felicidad”. Esta música funde el pensamiento con el acontecimiento, la necesidad con la contingencia; por eso vibra, nos afecta. De ahí también que por todos los temas crucen espectros, turbulencias sonoras. De otro modo no serían parte de esa experiencia real que escapa a nuestra estúpida realidad subtitulada. Lejos de toda causa, abanderan solamente la exterioridad cualquiera. Con una letra u otra, estos himnos solamente cantan la violencia de vivir. Celebran el drama que nuestra vigilancia policial no ha conseguido deconstruir. Si la sociedad ha conseguido orillar esa experiencia, sepultar esa intensidad en una maraña de clichés -por eso uno se toma tales molestias-, de esto no podemos quejarnos, pues es en la clandestinidad, en una sombra sin remedio, donde se produce el rejuvenecimiento del deseo.

La verdad es como el Guadiana: ama esconderse. Confiad en la potencia del secreto, en esta dulzura infernal, luciferina. ¿Épica llorosa, lírica intrincada, alegría pueril? Sí, toda la patología que queráis, pero lo que tiene en común esta breve colección es que puede hacer daño. Guarda un veneno potencial. En otras palabras, si es pacifista lo es después de estar armada.

Inicialmente, esta fue una entrega de verano. Ah, ¡qué haríamos sin esta deliciosa disolución estival de las instituciones, del orden policial de la Democracia! Más tarde, se trató de volver a probar esa medicina que cura con dosis milimetradas de veneno. Darle forma a lo no elegido, convertir el Accidente en Monumento: esto une a una música tan diversa. ¿Qué tiene que ver con nuestros libros peligrosos este rosario de canciones? La certeza negativa de que "Usted no está aquí", diga lo que diga la cobertura social de turno. ¿Qué no tienen en común? La fe en la existencia, un credo que a estos angloamericanos -ya volveremos sobre los latinos1- les ahorra la necesidad de otra Historia. Para ellos la historia es la pesadilla de la que siempre debemos despertar. Robert Wyatt puede ser "comunista", pero lo que importa en él es la mutación que introduce en lo que toca, lo vidente que es en cualquier caso. ¿Hay algo más afrodisíaco que la inocencia?

No encontraréis en Himnos escondidos nada de "músicas del mundo", sonidos étnicos y demás. Se propone más bien escuchar la fuga de aquí, la mutación que se produce entre nosotros, nuestro modo de no ser insoportablemente occidentales. No se diga que “faltan cosas” porque sería para morirse de risa -sería más grave que sobrase alguna. Esto es un tratado sobre lo que falta, irremediablemente. Never more: tenemos que habituarnos a entender el nunca como eje de nuestra eternidad.

¿Cantar lo que se ha perdido, nostalgia de otro tiempo mejor? No, no exactamente. Más bien, nostalgia de lo indefinido en este presente, hartazgo de esta definición continua. Estos temas intentan llevar la indefinición de vivir a la forma, una forma necesariamente forzada. En tal sentido, acogen en su estructura una exterioridad insalvable: son profundamente “analógicos” de una borrosa escena primitiva que siempre vuelve. Ellos cantan porque su propiedad consiste únicamente en usar la pérdida, navegarla. Interpretan, “tocan” la magia del desapego, como dice un amigo.

Si nuestra patología lo permitiera, la música sería nuestra primera "especialidad". Sólo después de lo oído vino el tener que pensar: ¿no es eso? Tal vez por esta razón se pueda decir que, secundariamente, estas entregas son una "demostración de la existencia de Dios". Quiero decir, encarnan el intento jovial de confirmar una sospecha, un temor: nunca sabremos quiénes somos, lo que somos. En otras palabras, el mundo jamás será de la mundialización. ¿Qué es Dios para estos músicos? La sonrisa del diablo, la floración del mal. El cielo, aquí, únicamente es el infierno comprendido, querido. Igual que el vuelo de las aves es sólo un juego con la gravedad, con la inevitabilidad de la caída.

Escuchar juntos a Tricky y Nico. Esta tentativa también se podría llamar "Himnos escandidos". Se entregan sin orden, ni cronológico ni ningún otro. No creemos en la cronología: Actual es lo que nos violenta, sin más. Así pues, que el “orden” lo ponga la línea de sombra de ese envés del mundo, esa necesidad extrema de la contingencia. ¿Recordáis el final de American beauty? Dice Lester Burham poco antes de morir: “¿No saben ustedes de qué estoy hablando? No se preocupen, les aseguro que pronto lo sabrán”. Feliz otoño, de verdad: lo necesitamos.


NOTA


1. Seguimos a Deleuze en su idea de la “superioridad” de la literatura angloamericana, en virtud de la relación que mantiene con la exterioridad. España difícilmente podrá hacer una música comparable a la de Inglaterra porque sencillamente persiste, con o sin catolicismo, con o sin franquismo, en la protección materno-paternal-estatal que hace a la vida continuamente comunitaria. En versión religiosa o atea, siempre están ahí la familia, los amigos, la pandilla, la “cultura”, el barrio encantador. Y hay que tener en cuenta que hasta un fenómeno "sencillo" como The Beatles nace de la dureza de una vida social implacable, de un desamparo, una soledad protestante que en el mundo latino apenas conocemos.

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* Esta idea nació inicialmente para acompañar un polémico y divertido encuentro de verano. El texto acompañó a la entrega de un CD con 16 temas* escogidos que se entregó como ‘regalo de verano’ a los asistentes a la sesión sobre La insurrección que viene celebrada el 18 de julio en Costa da morte. Gracias a todos los presentes y a Javier Turnes, maestro de oficios de esa tarde.

* Los temas en dicho CD son: 1. The Rapture, "Coming of spring" (2006) / 2. Beatles, "Tomorrow never knows" (1966) / 3. Rem, "Daysleeper" (2004) / 4. Soft Machine, "Virtually, 2" (1973) / 5. Nick Cave, Idiot prayer (1999) / 6. Talking Heads, "Papers" (1981) / 7. Tricky, (???) (2003) / 8. Nico, "You forget to answer" (1971) / 9. Supersession, "His holly modal magesty" (1969) / 10. Robert Wyatt, "Shipwilding" (1983) / 11. Echo and the Bunnymen, "Heads will roll" (1984) / 12. Eyeless in Gaza, "Taking steps" (1983) / 13. Talking Heads, "With your love" (1981) / 14. Eyeless in Gaza, "Pencil sketch" (1983) / 15. Robert Wyatt, "At last I'm free" (1982) / 16. Talking Heads, "Cities" (1981)

Para conseguir dicho CD pulse aquí: TemasHimnosEscondidos.zip

Enviado el 26 de Septiembre. << Volver a la página principal << | delicious

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