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Septiembre 22, 2009
Guerra avisada - Píter Ortega Núñez

Polifonía discursiva y laberintos socio-estéticos en la poética de Jesús Lara
[…] En los márgenes ásperos, absortos del camino el desierto
sin fin
la víspera de una historia y el silencio después de la
historia
En los márgenes de la conciencia una patria imaginaria,
una isla secreta […]
Jorge Luis Arcos. “En los márgenes”
Jesús Lara Sotelo (Ciudad de La Habana, 1972) es un artista de una variabilidad impresionante. Se puede decir literalmente que ha hecho “de todo” a lo largo de su prolífica carrera artística: pintura, dibujo, escultura, instalación, fotografía, cerámica… En cuanto a estilos o tendencias, ha incursionado en la abstracción, el expresionismo, el paisaje o las figuraciones humanas de corte más naturalista, e incluso hasta ha efectuado ciertas apropiaciones de la estética cubista (los collages, la perspectiva polifocal, el desdoblamiento y fragmentación del objeto, la geometrización de las formas, etc.). Ha utilizado además todo tipo de técnicas, materiales y soportes, en una suerte de inconformidad que no conoce límites. Lo mismo se ha valido de materiales más convencionales como el óleo, el pastel, el acrílico, el creyón, el carboncillo, el lápiz, la acuarela, que de otros más atípicos (tiza, cemento, leche materna, esmalte de uñas, serrín…). Asimismo ha ocurrido con los soportes: desde la tela o la cartulina habituales hasta el poliespuma, pedazos de fibrocemento, sombrillas, bandejas plásticas, entre otros. En lo que respecta a los modos de representación, se ha servido de los más tradicionales, pero también ha optado por la selección y presentación de objetos de la realidad “extra-artística” que son recontextualizados y resemantizados con audacia. Objetos en ocasiones triviales, de aparente nulidad desde el punto de vista artístico, los cuales son ascendidos a la “dignidad” del mundo del arte gracias a la herencia del proceder duchampiano de los ready-mades (me refiero a piezas como “Dieta balanceada”, “Homicidio”, “Alma blanca”, “Radio Solar”, “Aborto”). De ahí la riqueza de opciones a que se enfrenta el espectador una vez que se sitúa frente a sus creaciones. Y por si todo ello fuera poco, al artista no le ha bastado con el universo de las artes plásticas, sino que lo ha rebasado mediante atrevidas y exitosas irrupciones en el campo de la poesía (las que no formarán parte del objeto de análisis del presente texto).
Pero a pesar de la enorme diversidad que ostenta su trayectoria creadora, hay un elemento que se puede señalar como una constante en su poética, digamos que un aspecto medular que singulariza su obra, y es la fuerte impronta filosófica de esta, lo que se advierte sobre todo desde los títulos de las piezas, aunque también en el propio campo visual. En este sentido se siente con especial fuerza el legado de la filosofía existencialista, con toda su carga de nihilismo, angustia, escepticismo, desesperanza. Se desprenden de las obras un desgarramiento y una violencia simbólica que resultan abrumadores. La máxima de que el hombre es un ser “arrojado al mundo”, atormentado ante las posibilidades que le concede su existencia, pareciera cardinal en la dramaturgia de la mayoría de sus piezas. Las imágenes de Lara mucho tienen que ver con el pensamiento de Nietzsche, Kierkegaard, Heidegger, Sartre, Camus. Nada de felicidad. Todo el tiempo dolor, desasosiego, descreimiento. Quien conoce ciertas etapas de la vida del artista, encontrará pertinente realizar un análisis de sus propuestas desde las herramientas del saber psicoanalítico. Ello podría arrojar luces muy reveladoras.
Lo cierto es que Lara nos habla generalmente de absurdos, farsas, impotencias, “Azotes del cuerpo”, “lenguas pérfidas”, torturas, “llantos de sangre”, “Crisis”, “Semblanza cínica”, “Neurosis y soberbia”, “Acciones sin progreso”; estados anímicos como la furia, la ansiedad, la “Depresión”. En sus obras los conflictos parecen tener un desenlace nada óptimo: las posibles salidas tienen que ver con la “resignación”, el “aborto”, ojos sacados por “cuervos”, la “Nada” infinita y punzante, “prisiones” para el espíritu… Un trabajo paradigmático en esta dirección es aquel que se titula “Edificación del espíritu”, inscrito dentro de la vertiente del paisaje rural. Se nos muestra un close up de un árbol caído, o al borde del desplome, donde destaca el pronunciado escorzo que se proyecta en diagonal hacia el receptor. El “templo” de la espiritualidad se desmorona ante nuestros ojos, y el artista nos alerta sobre ello. Una vez más una visión trágica, en la que las consecuencias parecen irrevocables. En un mundo como el de hoy, transido por una deshumanización severa y por la relatividad o disolución de toda escala de valores, una obra como esta reviste una importancia capital. Cuando el espíritu se precipita cual tronco vetusto, solo queda la materia perecedera, fugaz, transitoria. Eso nos dice el creador, y lo hace partiendo de una profunda metáfora que viene a gritar una verdad a los cuatro vientos: Lara asume el paisaje como un pretexto o subterfugio que le permite ahondar en otras problemáticas más complejas, más sutiles. El género es solo un medio, no un fin en sí mismo. Más allá de cualquier edulcoramiento o esteticismo vacío, sus paisajes son portadores de numerosas preocupaciones de naturaleza antropológica, sociológica, psicológica. Sin dejar de exhibir un oficio loable, las significaciones de sus creaciones son bien sagaces.
Hay también en las propuestas de Lara un erotismo muy especial, que se disfruta enormemente. Pero no se trata de un erotismo obvio, explícito, de fácil lectura. Todo lo contrario. Curiosamente, no es en los casos en que aparecen figuras humanas donde este alcanza mayor protagonismo e impacto, sino en las abstracciones y los paisajes. En las primeras, la lubricidad y concupiscencia de las líneas sinuosas que se penetran y entrecruzan, unidas a la seducción sensorial que provocan las texturas y los colores, dan fe de lo apuntado. Eso sin hablar de la elocuencia de títulos como “Dentellada y orgasmo”, “Híbrido semivestido”, “Acrobacia erótica”, “Breve cálculo de un orgasmo”, “Del eros a lo irascible”. Entretanto, en los paisajes son los troncos y ramas de los árboles, y el espesor y la complejidad de la vegetación tupida, los que simulan o insinúan falos, vulvas, coitos, penetraciones…
En escasos trabajos del artista se observan desnudos, ya sean masculinos o femeninos, y en algunos de ellos se trata de meros estudios de anatomía, sin implicación erótica alguna. Una de las pocas excepciones en este sentido es “Arma de lucha”, óleo en el que sí se abordan de manera directa y frontal tópicos relacionados con la sexualidad humana –específicamente la femenina– en estrecho vínculo con determinadas aristas éticas y socio-económicas, referidas a comportamientos individuales y colectivos de marcada actualidad.
Cuando Lara se empeña en ser verosímil o perfeccionista en la realización, lo logra con una habilidad muy estimable. Así ocurre en obras como “Reír por mentiras”, “Irresoluta”, “Inspiración maternal”, “Fuerza del extravío”, “Llanto que alivia”, en las que se pone de manifiesto su considerable talento para el dibujo y su destreza en el ámbito del retrato. En esos rostros se descubre un certero dominio de los códigos académicos, a los cuales desembocó el creador de manera muy independiente y personal, si tenemos en cuenta que no cursó estudios en escuelas de arte, sino que su formación artística transcurrió de forma autodidacta. En algunos casos se distinguen puntuales empleos de operatorias del Impresionismo en lo que concierne al abordaje de la luz y su representación plástica. Véase pues el retrato “Cecilia”, donde el lirismo y la inocencia del universo infantil son reforzados por ese delicioso baño de luz que se le encima a la pequeña representada. Una luz que se emparenta también en alguna medida con el concepto de la iluminación barroca: antojadiza, caprichosa, arbitraria.
En otras obras el creador es más irreverente –si es que se puede serlo todavía en la contemporaneidad– y caótico, como en aquellas donde se aprecian influencias de la pintura informalista, con sus típicos drippings o chorreados, donde el azar juega un papel significativo. Y es que nuestro artista recorre con libertad todos los caminos posibles que la historia del arte occidental ha ido dejando a su paso, siempre con el ánimo de refuncionalizarlos teniendo en cuenta las particularidades de nuestro contexto.
Hay un grupo de piezas en las que quisiera detenerme con especial énfasis, y son algunas de las que reflejan la figura de José Martí (“…cargados…”, “…Cual monstruo…”, “…de crímenes…”, “…Todo hombre que lleva luz…”, “Martí”). Aquí se nos sitúa ante un Apóstol enfurecido, colérico, pletórico de soberbia y malestar. La mirada, acusadora, temeraria, feroz. Ceños fruncidos, que delatan ira, furor. Un rostro, en definitiva, alejado de los clichés y lugares comunes con que los dispositivos propagandísticos del poder han estereotipado y “petrificado” la figura del héroe. Un abordaje mucho menos simplista y dulcificado que ese al que nos tienen acostumbrados los mecanismos publicitarios de la gestión política local. Un Martí que, como hombre al fin, a la par que alberga sentimientos positivos, está insuflado de “bajas” pasiones, de emociones mundanas. Una suerte de nexo –tal vez inconsciente, poco importa– en relación con Raúl Martínez, Juan Francisco Elso Padilla, Agustín Bejarano, Sandra Ramos, Alexis Esquivel y otros tantos creadores cubanos (algunos muy jóvenes, como Duniesky Martín Urgellés) que se han apropiado de la figura del Apóstol con la intención de humanizar el mito, de hacérnoslo más cercano, más íntimo; o bien con el objetivo de desarticular, descentrar o “desempolvar” determinados relatos históricos.
Otra obra muy sugestiva es la escultura “Examen de conciencia”, en la que el espectador se enfrenta con su propia imagen a través de un espejo ubicado en el lugar que corresponde al orificio de una letrina. Propuesta provocadora, que nos indica sardónicamente que “algo anda mal” en los estratos de nuestro accionar cognitivo, conciente. El paralelismo entre dichos estratos –metaforizados en nuestras propias imágenes– y las presuntas materias de excreción a que remite el objeto, alude a serios conflictos psico-sociales que atañen al ser humano en un sentido amplio, universal, sin importar latitud o tiempo, pero que en el contexto de nuestra ínsula adquiere una dimensión particularmente problémica. En un momento como el que nos ha tocado vivir, el hecho de que el artista nos convoque a “examinar” nuestras interioridades, nuestro “yo” más íntimo, el arsenal de nuestras subjetividades, se convierte en un llamado de gran trascendencia.
En cuanto a la labor fotográfica, se vislumbran dos ejes temáticos fundamentales: la naturaleza y la ciudad. En el caso de la primera, nos encontramos ante planos macro de acentuada plasticidad y belleza, donde sobresale el equilibrio de la composición (muy bien logrado en todos los casos) y el valor agregado de lo táctil (virtual, claro está, simulado). De las tomas de nuestra ciudad, sin dudas las más valiosas son las que integran la serie Citadinas. En estas, los dinámicos y cambiantes grados de angulación de la cámara; el predominio de líneas quebradas, oblicuas, y de diagonales que se cruzan; los fuertes contrastes entre luces y sombras; la violencia de los escorzos; y la supremacía del blanco y negro, se ajustan muy bien a la denuncia implícita en las imágenes: el cada vez más creciente deterioro arquitectónico y urbanístico de nuestro entorno, la pobreza material –y espiritual, en consecuencia– de nuestra gente, de nuestro hábitat, de nuestras vidas. En esas edificaciones paupérrimas, próximas al desprendimiento, subyacen muchas historias de vidas, muchas desilusiones, desencantos, anhelos. Guerra avisada…, nos recuerda el creador, y con ello pone a cada quien en su lugar, a cada responsable en su sitio, al tiempo que llama la atención sobre un futuro que se intuye lacerante.
Luego de este recorrido (que para nada agota toda la obra del artista, pues habría mucho más que añadir) se infieren dos cuestiones básicas: uno, la producción plástica de Jesús Lara se encuentra en plena madurez, justo en su punto clímax; dos, el desenvolvimiento venidero de sus propuestas merece un seguimiento minucioso, detallado. No lo dudemos.
Enviado el 22 de Septiembre. << Volver a la página principal << |
