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Abril 08, 2009
"Control", la vida de Ian Curtis - Agustín Fernández Mallo
Originalmente en El hombre que salió de la tarta
Antes de irme de vacaciones hasta la próxima semana (lo más probable es que no pueda hasta entonces mirar el blog), esta noticia que nos hace felices a muchos.
Al fin se estrena es España Control, la película que narra el último fragmento de la vida de Ian Curtis, cantante de Joy Division. Estamos de enhorabuena. Inmejorables deberes de Semana Santa. ¿Será casualidad? Curtis, el Santo más cool de la Historia; el resto es filatelia.
Dejo este repor de Íñigo López Palacios que sale hoy en El País, y además la crítica de la peli, por Diego A. Manrique, en el mismo periódico.

EL DÍA EN QUE MURIÓ EL ROCK
La vida y el suicidio del líder de Joy Division - El debut como director del fotógrafo Anton Corbijn ha tardado dos años en llegar a España
IÑIGO LÓPEZ PALACIOS - Madrid - 08/04/2009
"Le pedimos a Anton [Corbijn] que en la película nos dejara tocar de verdad, que los conciertos no fueran playbacks", recuerda por teléfono Sam Riley (Leeds, Reino Unido, 1980), el actor que se puso en la piel de Ian Curtis, líder de Joy Division y mártir de la epilepsia y el rock. "Accedió, pero hasta el momento en que llegamos al plató no nos dijo que todo el público estaba compuesto de fans que había sacado de Internet. De repente, alguien me tocó en el hombro por detrás. Me giré y un tipo de unos cincuenta años me preguntó: '¿Eres Ian?'. 'Bueno, durante las próximas diez semanas, sí'. 'Pues yo vi a Joy Division 10 veces'. Me entró tal pánico que fui al baño a vomitar. Ya había logrado tranquilizarme cuando me tocó subir al escenario. En primera fila otro tío me miraba como si quisiera cortarme la cabeza. Se levantó la camiseta y tenía la cara de Ian tatuada. Fue un día muy, muy difícil".
"Fue el primer grupo que retraté en Inglaterra", dice el director
El actor Sam Riley: "Rodé tocando de verdad delante de 'fans' de la banda"
Pese a que Control, filme que protagoniza Riley, se estrena hoy en España, han pasado dos años de su lanzamiento mundial. Así que para el actor todo es ya un recuerdo. Bueno, todo no. "La película cambió mi vida. Alexandra y yo nos conocimos en aquel rodaje". Alexandra María Lara (The reader) es la actriz que interpretaba a Annik Honoré, la periodista belga que fue uno de los vértices del triángulo amoroso sobre el que se centra la película. El otro es Deborah Curtis, la que fuera mujer del cantante y la autora del libro Touching from the distance, en el que está basado el guión. "Llegamos a un acuerdo para usar su libro como punto de partida y eso fue estupendo", se defiende Anton Corbijn, reputado fotografo de músicos, creador de la imagen de U2 y que debuta como director con esta película. Una de las críticas más habituales que se ha hecho al filme es que muestra parcialmente la vida de un músico fundamental para entender el devenir del rock desde el punk hasta la actualidad. Curtis se suicidó con 22 años en mayo de 1980 y Control parece apuntar a que el desencadenante fue que no pudo aceptar que su mujer le abandonara al descubrir que la relación del músico con Honoré era mucho más que un affaire puntual. "No es así. Yo creo que en parte fue motivado por su situación personal. Pero además estaban su carácter y la mezcla de drogas legales que tomaba para la epilepsia y el alcohol que tomó aquella noche le llevaron al límite", dice Corbijn, que recuerda perfectamente dónde estaba cuando se enteró de la muerte: "En un pub de Londres jugando a Space invaders".

Anton Corbijn, nacido en 1955, era un fotógrafo holandés con escaso dominio del inglés que había ido a Reino Unido para fotografiar a su banda favorita: Joy Division. "Hice mi primera foto rock en 1972. Joy Division fue el primer grupo que fotografié en Inglaterra, en 1979. Volví a esta historia para rodar mi primera película porque sentí que tenía una ventaja con respecto al resto de directores: conocía muy bien ese periodo y fue muy importante en mi vida". Además, parte de la producción salió de su bolsillo. "Todavía soy el principal accionista del filme. Nunca fue mi intención, la verdad. No he recuperado todo pero lo volvería a hacer sin dudar".
El cordero del sacrificio
DIEGO A. MANRIQUE 08/04/2009
Seguramente, nada más lejos de sus intenciones, pero la película de Anton Corbijn parece ilustrar aquella infame observación de Margaret Thatcher: "No existe la sociedad". El drama de Ian Curtis se desarrolla en un vacío social. El mismo Curtis trabajaba en una oficina del paro pero, en la pantalla, los que acuden a él en busca de trabajo están horriblemente damnificados.
CONTROL
Dirección: Anton Corbijn.
Intérpretes: Sam Riley, Samantha Norton, Alexandra Maria Lara, Joe Anderson, James Anthony Pearson.
Género: biografía. Reino Unido, 2007.
Duración: 122 minutos.
En las películas clásicas del free cinema, a las que remite visualmente Control, solía intuirse la solidaridad de clase, la red de seguridad de la familia, hasta el orgullo local o regional. Aquí ni siquiera hay comunicación entre los que llevan el mismo apellido o los que comparten un proyecto musical. A través de las canciones de Joy Division, Curtis lanzaba angustiosos SOS, pero en su entorno nadie era capaz de traducirlos
El sistema sanitario británico queda como una broma: Curtis sufre epilepsia y el buen doctor le aconseja que experimente con medicamentos potentes, abundantes en efectos secundarios, hasta que encuentre un remedio aceptable. Aparte de su desdichada mujer, nadie se preocupa por el tratamiento o por su incompatibilidad con el alcohol: el manager, el disquero, los instrumentistas andan demasiado excitados por el impacto de Joy Division en Londres y en la Europa continental; la idea de girar por EE UU resulta tan embriagadora que ignoran el pequeño detalle de que tienen un enfermo grave en sus filas.

Puede que Corbijn haya sucumbido a la tentación de exagerar la desolación de la vida cotidiana en Manchester en los setenta. Contamos con abundante material complementario para entender la corta existencia de Curtis: el documental de Grant Lee, Joy Division, o la traducción de Touching from a distance, el libro de la viuda en que se ha basado Control. La honda música de Joy Division también está disponible y justifica la pasión del realizador, un fotógrafo holandés que se instaló en Reino Unido, entre otras razones, para estar más cerca de aquellos sonidos after-punk que le conmocionaron. Es un fan total: hipotecó su casa y aceptó trabajos mercenarios para financiar Control.
Con todo, Corbijn ha evitado la tentación esteticista de muchos magos del videoclip (¡y de la publicidad!) que saltan al largometraje. Control tiene una ascética belleza, aunque no eclipsa a unos prodigiosos actores. Sam Riley compone un Ian Curtis creíble, tan frágil fuera del escenario como intimidante bajo los focos. Samantha Morton transmite el dolor de la esposa fiel, imposible competidora para la seguidora sofisticada (Alexandra Maria Lara). Es un triángulo arquetípico, que inevitablemente dinamitaría cualquier matrimonio convencional.
Vamos a decirlo suavemente: Anton Corbijn no es precisamente la alegría de la huerta. Su tendencia al tenebrismo se complica con la necesidad de enderezar el mito fundacional del rock de Manchester. Michael Winterbottom había contado idéntica historia en la exuberante 24 hour party people (2002), fabulosa crónica picaresca de la emergencia creativa de Manchester, pero aquí estamos en los preliminares, cuando Factory Records intentaba establecerse y nadie tenía un mapa de ruta para semejante aventura. La paradoja cruel es que el suicidio de Ian Curtis legitimó el sonido Manchester y el modus operandi de Factory. Hasta sus compañeros de grupo, retratados en Control como patanes, se reinventaron bajo el nombre de New Order y se transformaron en paradigma del cool de los ochenta.


Enviado el 08 de Abril. << Volver a la página principal << |
