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Enero 29, 2009
Nada humano le es ajeno - Fernando García Ramírez
Originalmente en Hoja por hoja
Nacer y otras dificultades. Historia cultural del enigma de la vida
Francisco González Crussí
Traducción de Isabel Clúa Ginés,
Barcelona, Destino, 2008.
Escritor para escritores, filósofo y médico, sabio que vuelve su erudición una herramienta del pensar incisivo y matizado, el mexicano Francisco González Crussí es uno de los secretos mejor guardados de la literatura contemporánea. Cuando quede atrás el engaño de los oropeles y el estruendo mediático, será evidente que el autor de Los cinco sentidos es el Montaigne de nuestra época
Es un lugar común en nuestros días afirmar que las grandes cuestiones de la existencia (el origen, el fin) no están siendo atendidas por los filósofos sino por los científicos. Se suele reconocer con pesar que en México, dado que la ciencia y la filosofía están por los suelos, nadie se atreve a pensar ni a investigar sobre estos temas. Pero los lugares comunes están construidos sobre supuestos y prejuicios. Lo notable es que en México, por fuera de la anquilosada academia, un hombre —combinación feliz de científico y humanista— se ha dado a la tarea de pensar por su cuenta sobre el principio de la vida y la naturaleza de la muerte. Más notable aún es que lo haga con una espléndida pluma, con pasión, sabiduría y buen humor.
Según Oliver Sacks, Francisco González Crussí es autor “de esa clase de libros a los que uno desea volver una y otra vez”. Nominado en varias ocasiones al premio Pulitzer por sus ensayos científicos, autor de un Atlas of Tumor Pathology (un clásico a nivel mundial en la materia) y de más de una docena de títulos —casi todos publicados por Verdehalago—, no existe ningún tema relacionado con el cuerpo, sus milagros y sus miserias, que no haya sido abordado por Francisco González Crussí.
Ha escrito sobre el deseo, los celos, el sadismo, el erotismo, la secrecía en el amor (De la naturaleza de las cosas eróticas, Verdehalago, 1999); el embalsamamiento, las autopsias, los muertos como forma de ganarse la vida (en Notas de un anatomista, fce, 1990); el culto a la muerte y la conservación de los órganos postmórtem (en Día de muertos, Verdehalago, 1997); sobre el cuerpo como metáfora y como idea (La fábrica del cuerpo, Turner, 2006); el dolor, el tacto, los olores, los sentidos (Los cinco sentidos, Verdehalago, 2002); de la procreación, la vejez, la indiferenciación sexual, la muerte repentina, el seno femenino, el ano, las emociones (Mors repentina, Verdehalago, 2001). Nada humano, como quería Terencio, le es ajeno.
El poeta Gerardo Deniz me contó cierta vez que en el Tíbet, antes de penetrar a los grandes templos budistas (como el portentoso Potala), el viajero curioso debe pasar por pasillos que lo conducen por la cocina, y sus vapores, y por la zona de letrinas, y sus humores: antes del alma, está el cuerpo, parece el sentido de esa travesía. Ese parece también el sentido último de los libros de González Crussí: recordar con insistencia “que el cuerpo es la sede de la identidad del ser humano y que el ser humano no puede reducirse al cuerpo”.
Nacer y otras dificultades es un libro admirable. Ya en ensayos previos González Crussí había abordado el tema del origen, sobre todo en Venir al mundo. Seis ensayos sobre las vicisitudes anteriores a la vida mundanal (Verdehalago, 2006). Asi-mismo, huellas sobre el origen de este libro podemos rastrearlas en su conmovedor libro autobiográfico Partir es morir un poco (unam, 1996). Cuenta en él cómo, al realizar su internado en un hospital estadounidense, se topó con un médico escocés, del que se convirtió en discípulo: “Bajo la generosa tutoría de aquel afable mentor me familiaricé, como hasta entonces no lo había hecho, con el drama del nacimiento. Drama es el término apropiado para esa lucha, ese cuerpo a cuerpo entre la madre y el feto que ha de terminar en el desprendimiento de aquél.” En ese momento comprendió que “el nacimiento del ser humano tiene un carácter esencial de censura, de rompimiento o escisión, en el que se presiente la súbita crueldad de un tajo”.
No es éste un libro propiamente científico ya que, como lo indica su subtítulo, se trata de una “historia cultural del enigma de la vida”. Dueño de una cultura en verdad envidiable, para desarrollar sus hipótesis González Crussí se vale lo mismo de saberes contemporáneos (médicos, biológicos, genéticos) que de conocimientos pretéritos (domina la fisiología, la filosofía y la literatura griega clásica, el medioevo, el renacimiento y la ilustración), de occidente tanto como de oriente (hace poco publicó Horas chinas, libro de ensayos sobre esa cultura milenaria). No es extraño encontrar en sus ensayos, para fortalecer o potenciar una tesis médica, ejemplos tomados de Shakespeare, Quevedo, Maupassant o sor Juana. De espíritu renacentista, González Crussí combina y cruza saberes, realiza brillantes analogías entre diversas culturas, eleva puentes imaginarios que la razón científica vacila en cruzar.
Nacemos, venimos al mundo, por motivación de otros, sin pedirlo. Engendrados por el deseo, somos rescatados de la nada. Venimos de la oscuridad y hacia allá nos dirigimos. Los trausos, pueblo griego, según Herodoto, lloraban con cada nacimiento, y quizá no les faltara razón. Nacer es una hazaña material y espiritual. Hoy, ese orden de cosas está cambiando aceleradamente. Primero, el parto se trasladó de los hogares a los hospitales, lo que era un don se transformó en una patología. Se abandonó el antiguo arte del nacimiento asistido por una partera y se sustituyó por la atención, económicamente interesada, de un ginecólogo: el parto se volvió un negocio. Ese proceso se ha agudizado: “la biología y la medicina están modificando las nociones de aquello que nos atañe íntima y directamente: las nociones de persona, de sexo, de reproducción, de vida y muerte”. Toda suerte de arreglos y manipulaciones están permitidos, con el aplauso acrítico de los medios y la sociedad. Estamos jugando con fuego. Nuestra hybris, disfrazada de curiosidad científica irrefrenable, está retando a la vida. La biología molecular ya demostró que es capaz de modificar la naturaleza humana. Nos creemos dueños del mundo y capaces de todo, aunque, en verdad, nos dice González Crussí, “no sabemos hacia dónde nos dirigimos o hacia dónde debemos dirigirnos”.
Nacer y otras dificultades no es un libro para todos: sólo para aquellos que han sido arrojados al mundo desde el vientre de una mujer y contemplan el mundo con fascinación.
Enviado el 29 de Enero. << Volver a la página principal << |
