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Enero 22, 2009
Donde los ángeles no se aventuran - Eduardo Nabal
Originalmente en Contrapicado.net
Retorno a Brideshead (Brideshead Revisited, Julian Jarrold, 2008)
Retorno a Brideshead es el tercer filme del realizador inglés Julian Jarrold tras la buena acogida de producciones más modestas como Pisando Fuerte (Kinky Boots, 2005) o La joven Jane Austen (Becoming Jane, 2007). En esta ocasión, Jarrold se embarca en una lujosa, larga e irregular adaptación de la célebre novela homónima de Evelyn Waugh, un libro sobrevalorado, que dio pie a una de las series televisivas más famosas de la década de los años ochenta, dirigida por Charles Sturridge.
Jarrold opta por reforzar los aspectos más sombríos de ese relato de amistad y nostalgia y el modo en que la herencia religiosa sacude fatalmente a esa familia aristocrática a la que se aproxima Charles Ryder (hierático Michel Gambon), encontrando un mundo de lujo ornamental, arraigadas convicciones, amores imposibles, secretos oscuros y miserias personales. El filme no huye de imágenes de postal, una banda sonora ampulosa que se adelanta a las imágenes y algunos escenarios previsibles, como ese Oxford juvenil, la forsteriana Venecia, los barcos, los salones de baile y, sobre todo, ese inmenso caserón ajardinado que da título al filme y que acaba tornándose en recuerdo amargo y ominosa prisión para todos y cada uno de los personajes de la película. Imágenes bellas, violento choque de clases sociales, diálogos cuidados y un triángulo amoroso… nada nuevo en el cine británico “de qualité”. Imágenes ya rodadas, de otro modo, por gente como James Ivory o Brian Gilbert.
Es en los encuentros fugaces, en los pequeños detalles pictóricos, y en los momentos intimistas donde un filme tan pretencioso y desequilibrado logra sus mejores bazas gracias al talento interpretativo de Emma Thompson, como Lady Marchmain –la severa la matriarca de la mansión-, Ben Whishaw como el atormentado Sebastian y Haley Atwell como la enigmática Julia. Retorno a Brideshead es formalmente hermosa, narrativamente conservadora y solo atesora algunos momentos brillantes con algunos motivos visuales que logran definir y a la vez desarrollar la ambigüedad psicológica de los personajes de un relato en realidad bastante convencional y clásico en su transcurso y en su puesta en escena. Un drama lujoso y algo apolillado salvado por la energía de sus intérpretes y la destreza visual de un director enfrentado a un material de prestigio al que trata con demasiado respeto. Jarrold parece temer a la novela y su única transgresión es la violenta requisitoria contra el efecto que los convencionalismos del catolicismo y sus rituales tienen sobre la felicidad de estos seres a los que no llegamos a conocer del todo.
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Enviado el 22 de Enero. << Volver a la página principal << |
