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Diciembre 14, 2008
Tan cerca, tan lejos - Javier Díaz-Guardiola
Originalmente en abc.es | ABCD
«Mientras yo duermo en un hotel -argumentaba el marfileño residente en Alemania Jems Robert Koko Bi en la presentación de esta colectiva del CAAM, de cuya nómina forma parte- alguien está muriendo en el mar en su travesía hacia una tierra mejor. Esa es mi tragedia, que no tiene solución. Como artista, yo puedo hacer un proyecto sobre los niños de Darfur, pero cuando lo termine, esos mismos niños seguirán muriendo. Eso me altera y me preocupa». Lo cierto es que cuando de inmigración se trata -legal o ilegal, eso es lo de menos- se están manejando sensibilidades, y ése es un material inflamable.
Baste con reparar en los datos aportados por otra de las instalaciones de esta muestra que reúne las voces de veinte artistas africanos en torno a esta problemática, la del senegalés Viyé Diba titulada Dossiers de candidatos a la inmigración. Cifras que, en definitiva, es en lo que terminamos traduciendo el dramático flujo de miles de personas cada día: «El 63 por ciento de aquéllos que migran tienen ingresos fijos mensuales. De ellos, el 28 por ciento ejerce una profesión liberal (de lo que se desprende que el desempleo no es la principal causa de la inmigración, sino la falta de libertades de los países de origen)»; «el 67 por ciento de los inmigrantes opta por el visado, la vía oficial. El otro 37 por ciento no tiene opción legal»; «la emigración se entiende como consecuencia de la descolonización. Por eso se percibe como una amenaza»; «en un mundo global en el que pueden circular libremente ideas y mercancías, las personas aún encuentran cientos de barreras»... Y así podríamos continuar.
Con descaro.
Pero del mismo modo que un tema tan comprometido puede herir muchas sensibilidades, también es caldo de cultivo para la demagogia más descarada. Por eso nos ha interesado la filosofía del trabajo fotográfico del camerunés Barthélémy Toguo, con su serie «Estúpido Presidente Africano», el único de los veinte seleccionados que se atreve a denunciar que parte de la culpa de esta infamia también está del otro lado: «El mal de África proviene de sus líderes. Si éstos gestionaran mejor sus recursos, mis compatriotas no tendrían que abandonarla. La riqueza de África es su problema». Y nos ha llamado la atención uno de los proyectos del marroquí Hassan Darsi, que es sincero en sus planteamientos al reconocer que aborda aquí una temática que le es ajena, pero que en el vídeo El oro de África, resultado de una acción en una escollera de Tenerife, en la que forró con pan de oro algunas de sus piedras, un metal símbolo del poder y la decadencia de cualquier sociedad, y la escultura El gran naufragio, denuncia los modelos de modernidad importados de Occidente.
Posiblemente, el CAAM, enclavado en Canarias, una tierra con alma africana y que ha vivido como pocas regiones en Europa el flujo migratorio deshumanziado e ilegal, ha perdido la oportunidad de hacer una gran exposición al respecto. Poca sensibilidad han mostrado los comisarios (casi nada se desprende del pensamiento que les mueve en el catálogo), más preocupados porque la realidad africana no se vea como un todo, sino como suma de singularidades; y una mirada llena de tópicos planea en la obra de muchos seleccionados, trabajos que se han propuesto viajar a la próxima Bienal de La Habana, una tierra para cuyo gobierno, paradójicamente, este problema no existe.
Por eso repasaremos únicamente aquellas propuestas que tienen verdaderamente algo que decir, como los vídeos de Myriam Mihindou (en Pequeña escultura para una poesía, un simple lápiz al que se le saca punta por los dos extremos es una frágil metáfora de la imposibilidad de encuentro entre Oriente y Occidente); o los de Jimmy Ogonga, borrosos, resultado de la miopía de nuestras miradas. La instalación de Yonamine, angoleño, invita a pisar las informaciones publicadas por la prensa (y no sabemos si de forma consciente o para funcionar como revulsivo, muchos de los diarios estaban abiertos por las páginas de las esquelas de los fallecidos en el accidente de Spanair en Barajas. Falta de sensibilidad).
Listos para el consumo.
Esos tópicos occidentales son empleados como motivos en los tapices de A. Konaté, desactivados de su carga emotiva y listos para ser consumidos por el hombre blanco. Kader Attia reflexiona sobre los guetos dentro de los guetos. Y el golpe final: el Black Out de los sudafricanos Stephen Hobbs y Marcus Neustetter, que proponen apagar todas las luces de la isla para desorientar a las pateras. Ellos hacen cundir el ejemplo «tapiando» las ventanas del museo. Menos mal que la expo acaba el 4 de enero, un día antes de la Noche de Reyes, porque, para el que lo haya olvidado, tan inmigrantes son los de los cayucos como sus Majestades de Oriente, de los cuales, uno es «moro» y otro «negro», y que no traen más papeles que las cartas de nuestros hijos.
Enviado el 14 de Diciembre. << Volver a la página principal << |
