« La infinita levedad de J. A. T - Héctor Antón Castillo | >> Portada << | play>rebollo (prólogo del libro Tania Pardo) »
Junio 15, 2008
Personalísimo Arrechea - Andres Isaac Santana
Originalmente en abcd
Algunos dudaron. Yo no? Desde que en el año 2003 se hiciera pública la noticia de su divorcio -prematuro para unos pocos- del grupo de artistas cubanos bautizado por Gerardo Mosquera como Los Carpinteros, se generó una gran expectación y comprensible especulación sobre la que terminaría por ser una de las más sólidas carreras de entre los artistas cubanos que residen fuera de la Isla. He de confesar que a raíz de este alboroto, y habiendo visto ya en España muchas de las nuevas obras de Arrechea -quien entonces como ahora produce de un modo furibundo, casi demencial-, no tuve dudas de que el camino en solitario de Alexandre Arrechea (alias JACA, como le conocen los amigos), tenía garantizado -per sé- el pasaporte al éxito rotundo.
A ello se suma -como corroboración de mi sospecha que no era más que pura afirmación interior- la impresión que causó en mí la pieza tremendamente soberbia y espectacular El jardín de la desconfianza (2005). Y es que todo hay que decirlo: Jaca es un excelente artista, un hacedor fino y sofisticado que sabe fraguar -con elegancia y pericia extrema- los recursos provenientes del universo de las formas y del mejor oficio, con los ardides retóricos y soportes conceptuales que afloran del buen pensamiento, premeditado y eficaz.
Deudor de un pasado brillante junto a Los Carpinteros y de una formación espléndida en los campos de la teoría del arte y de la cultura artística en el ISA de La Habana, su obra actual es el resultado de la conjugación y la transformación de toda una experiencia que, al margen de las cercanías o distancias presumibles con sus inicios, le convierten en un artista personalísimo dentro del mapa de la creación contemporánea. Las referencias al universo cubano, concretamente, a las paradójicas relaciones entre la vigilancia y el castigo, la sumisión o la emancipación respecto del poder central, quedan subsumidas en una obra inteligente que ha sabido tomar distancia de rancios tópicos y de lugares comunes.
Sin denominación de origen. A diferencia entonces de lo que ocurre con otros artistas, en el caso de Jaca, no es necesario apelar a una denominación de origen -lo cubano-, ni a su contexto cultural inmediato para explicarse una obra que, sin complejos de culpa ni dolencia anoréxica alguna, se desentiende del localismo más vulgar para restituir su valía en la escena internacional del arte. Creo que ahí, en esa mediación profiláctica, radica una de sus grandes virtudes. La suya es una propuesta cuya estatura monolítica está definida por el modo en que sus intereses conceptuales logran dialogar con la agenda de temas que entroncan con las líneas puntas del debate estético contemporáneo, rebasando así el régimen infeliz y arcaico de lo ego-maníaco-narcisista, tan de moda en los últimos tiempos.
Con esta segunda individual del artista, y en la misma galería, queda solventada cualquier duda respecto a su destino y trayecto en solitario. Jaca se reinventa, se readecúa y se ajusta a las exigencias más y menos ortodoxas del discurso estético contemporáneo con una auténtica habilidad camaleónica, la que le permite el trasiego por múltiples referencias y registros, ya sean del ámbito arquitectónico y la literatura, como de las fuentes más cercanas a la escena del arte. Estableciendo así con todas y cada una de estas referencias un trato inteligente que le garantiza una nueva dimensión conceptual, justo a partir de un mecanismo retórico de reinvención de sus funciones significativas originales.
Esta muestra, junto al trabajo de los últimos cinco años, advierte de un grupo de señas a modo de identidad discursiva. En principio y en superficie, sobresale el dominio técnico virtuoso del dibujo y la acuarela (aguada), técnicas tradicionales dentro del hacer artístico, empleadas aquí desde un uso conceptual y audaz irrefutablemente contemporáneo; la constante alteración de los significados originales en virtud de una nueva semiosis connotativa proclive al establecimiento de sintaxis narrativas polivalentes que amplifican el sentido de los significantes en uso; la reflexión perspicaz sobre las esferas o núcleos hegemónicos del poder y su consecuentes implicaciones en los verticales mecanismos de observación y de control.
Escenario para el asombro. La habilidad escenográfica de su puesta en escena y el poder evocador del volumen y lo tectónico aun cuando estos sean meramente virtuales; la apelación -a modo de sustrato conceptual- al universo de la paranoia como vehículo discursivo que le permiten agudas indagaciones sobre el valor de ciertos enunciados políticos y culturales, así como sobre los dominios y los límites del espacio social y sus trampas para el sujeto. Por esta vía, el significado aparente de cada imagen o el atribuido por convención y uso cultural es siempre objeto de una mirada crítica que no renuncia al hedonismo de las soluciones formales. Ello, en parte, argumenta esa cualidad de su trabajo que roza con la incertidumbre propia de toda alteración semántica y que consigue, en medio de tanta vulgaridad cosmética y evidencia factual, un nuevo estadio para el asombro y la sospecha.
Enviado el 15 de Junio. << Volver a la página principal << |
