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Junio 29, 2008

Objetos fuera de lo común - CARLES GUERRA

Originalmente en La VANGUARDIA


Las salas de exposiciones temporales del Museu d´Art Nacional de Catalunya presentan un desorden inusual. Las cajas se amontonan a la entrada. Todas proceden de Londres y llevan una etiqueta en la que se puede leer: Exhibition: Duchamp, Man Ray, Picabia. Ninguna de ellas indica qué obra de estos artistas ha transportado. Han viajado camufladas entre mercancías de todo tipo. Tan sólo un número desvela qué obra había en su interior. Podría haber sido la Fuente (1917) de Duchamp, un urinario vulgar y corriente convertido en icono indiscutible del arte del siglo XX. A dos semanas de inaugurarse la exposición reposa sobre una peana baja, apoyado sobre la superficie plana que, de haber sido usado, lo conectaría al desagüe. Pero no es así. La porcelana blanca mantiene su aspecto inmaculado. Nadie ha orinado en él. En 1917 Duchamp lo apartó de cualquier valor de uso, lo firmó con un extraño nombre y automáticamente lo convirtió en un objeto problemático, causante de la mayor controversia estética de la historia. Nadie lo diría. Sus formas blancas y pulidas le dan un aspecto inofensivo, parecido al de cualquier escultura de tamaño mediano tallada en mármol. Hay quien incluso ha entrevisto la forma sagrada de la Virgen María.

Pero este no es el único objeto cuya identidad como obra de arte puede resultar cuestionable. Hay muchos más: un peine de metal dentro de una vitrina, percheros colgados del techo, una rueda de bicicleta sobre un taburete, una pala de nieve, un botellero oxidado y tantos otros que Duchamp recalificara en su día con el término ready made. Tal como escribió a su propia hermana, "sabes suficiente inglés para entender lo que significa". Ya juzgar por las fechas de sus respectivas etiquetas, no les falta mucho para cumplir un siglo de antigüedad. Sin embargo, algunos de ellos son réplicas. La novia puesta al desnudo por sus solteros o Gran vidrio fue realizada por el propio Duchamp entre 1915 y 1923; en 1965, Richard Hamilton, la reconstruyó con el beneplácito del artista. Su aspecto aún es más frío que el del original, conservado en Filadelfia. Lo mismo ocurre con la Fuente,reeditada en 1964 (incluida esa firma que parece la de un asesino en serie). Pero no ocurre así con El enigma de Isadore Ducasse que Man Ray concibió en 1920. En 1971 se hicieron diez réplicas del original. Como se trataba de una máquina de coser envuelta en una manta y atada con cuerdas muchos creyeron que había que desempaquetarla. Al hacerlo destruyeron la obra. Hoy únicamente quedan dos réplicas de aquellas diez. Una de ellas está en la vitrina del MNAC.

De las paredes cuelgan pinturas y fotografías. Los primeros paisajes impresionistas de Duchamp, las máquinas de Picabia y las abstracciones de Man Ray están ya en su sitio. Desde el principio se respira una extraña sintonía entre los tres. Fueron, a todas luces, pintores escépticos, obsesionados por un erotismo atípico, aunque muchos los siguen considerando oportunistas irredentos. Pero mirando alrededor, aún quedan un buen número de piezas enmarcadas que aguardan apoyadas en el suelo, esperando a ser colgadas al nivel de la vista. Para verlas hay que doblar las rodillas, agacharse tanto como uno pueda y elevar el culo para bajar la cabeza, una postura un tanto humillante que le sienta muy bien a este tipo de arte. Las fotos de Duchamp travestido en Rrose Sélavy no se merecen menos. Pero mucho me temo que el día de la inauguración no será necesario tal ritual. Todo quedará incorporado a una secuencia lineal, con espacios en blanco y a una altura decente. Elevado y sublimado. Por eso este momento es tan especial.

En medio del descuido propio del montaje, cuando la institución museística aún no ha podido completar su acción, estas pequeñas y archiconocidas obras mantienen su irreverencia original e intacta. Incluso el tan denostado kitsch de Picabia desprende una frescura inhabitual. Ya lo dijo Robert Desnos, que Picabia nunca envejecería. O tal vez sea su proximidad con el arte románico, al que reconoció su influencia.

Algunas salas están completamente a oscuras. En otras sólo hay una penumbra que permite trabajar a los equipos de montadores y restauradores. Estos últimos examinan cada trocito de papel que les entregan los correos, guardianes celosos de la integridad física de las piezas. Una restauradora anota el ligero desprendimiento de una fotografía, cuestión de milímetros. Y un montador me advierte de las dificultades que experimentó el equipo para desplazar El enigma de Isadore Ducasse.Se corría el riesgo de alterar los pliegues de la manta. Curiosamente, a pocos metros está la fotografía que Man Ray hizo del objeto en 1920 (mejor dicho, la copia de los años cincuenta a partir del negativo de 1920). La verdad es que no se parece en nada al objeto actual.

La diferencia no es abismal, pero sí lo suficiente para entender que a estos tipos no les preocupaba preservar la autenticidad. De hecho, se copiaban como quien repite un chiste. Picabia solía decir que un día expondría dos ratones en una jaula, sólo para oír cómo le reprochaban que no los había hecho con sus propias manos.

Este será el mérito de esta exposición, huir de las categorías estilísticas para zambullirse en los avatares de una colaboración histórica, comparable sólo a la que Picasso y Braque mantuvieron en los primeros años del cubismo.

Salvo que en el caso de Duchamp, Man Ray y Picabia cada uno mantuvo su personalidad. La actitud de los tres respecto al arte no produjo ningún estilo nuevo. Más bien inventó un público moderno que a partir de ellos no podrá eludir cuestionarse si lo que tiene frente a sus narices es arte o no lo es. Nada despierta mayor violencia que la indiferencia visual - esa cualidad tan elogiada por Duchamp-y de la que estos objetos e imágenes alardean. La ingente producción ensayística alrededor de estas obras da fe, al menos, de la inteligencia crítica que han desencadenado. Por eso, precisamente, estos objetos necesitan un cuidado fuera de lo común. Si no tuvieran ese trato no serían lo que son, obras de arte.

Enviado el 29 de Junio. << Volver a la página principal << | delicious

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