« La sonrisa hermética - ANDRÉS HISPANO | >> Portada << | Objetos fuera de lo común - CARLES GUERRA »
Junio 29, 2008
El calambur de la novia - IVAN BERCEDO / JORGE MESTRE
Originalmente en La Vanguardia
En 1949 Marcel Duchamp alquiló un segundo estudio en la misma planta del edificio de Greenwich Village donde vivía y envío una carta a Maria Martins. Le pedía que abandonara a su marido y regresase a Nueva York. En aquel estudio podría mantener su preciada independencia y estaría a su lado. Ella se negó y Duchamp dedicó los últimos veinte años de su vida a construir en secreto en aquel lugar un extraño diorama a partir de los bocetos del cuerpo desnudo de Maria que había realizado en los dos años anteriores.
Tan cerebral y frío como aparentaba Duchamp, Étant Donnés: 1 la chute d´eau / 2. le gaz d´écleraige podría ser la obra de un amante despechado. No lo es porque es muchas cosas más, ninguna definitiva y casi todas poéticas y contradictorias, como sólo puede suceder en un collage. Desde que abandonó la pintura poco después de Desnudo bajando la escalera (1912), la mayoría de sus obras fueron contingentes: ready-mades,obsequios, portadas de alguna publicación... o bien el autor material de la pieza es irrelevante o bien el destinatario es conocido de antemano (invirtiendo así la relación habitual: autor conocido, destinatario anónimo). Sus dos trabajos más elaborados, el Gran vidrio y Étant Donnés,son obras privadas, obligadas a cohabitar con su autor durante años y, por ello, en gran medida, constituyen un entretenimiento personal, un juego. Incluso después de haberse mudado de residencia y haberse casado con Teeny Sattler, Duchamp acudía regularmente al estudio del Village para dedicar algunas horas al ajedrez y al ensamblaje. Mientras en la ciudad arreciaba el expresionismo abstracto y se consolidaba el mercado del arte a la americana, él declaraba que "el artista del mañana será clandestino". Cuando en 1965 vendieron el edificio en el que tenía su estudio, a los setenta y ocho años desmontó las piezas, las fue bajando desde la cuarta planta por las escaleras, las llevó en taxi hasta un pequeño despacho que había alquilado en un edificio de oficinas y las volvió a montar. Poco después, mostró la obra a algunos amigos, elaboró un pulcro manual de instrucciones de montaje, con indicaciones manuscritas y fotografías en blanco y negro, y organizó la venta de la obra al Museo de Arte de Filadelfia, donde a su muerte se instalaría junto al Gran vidrio.
El espectador que se acerca al tosco portalón de Cadaqués que oculta el diorama y mira por los pequeños orificios perforados a la altura de la vista observa una escena cuidadosamente dispuesta tras un boquete en un muro de ladrillo: al fondo, un paisaje bucólico, un bosque, la cascada; en primer plano, el cuerpo desnudo de una mujer que yace sobre un lecho de ramas y hojas secas, el rostro fuera de encuadre, las piernas abiertas mostrando un pubis rasurado, el brazo izquierdo sosteniendo una vieja lámpara de gas.
Al espectador actual, la relación entre Étant Donnés y El origen del mundo le parece obvia. Sin embargo, el cuadro de Courbet que representa en primer plano el sexo de una mujer no fue expuesto en público hasta 1995, por lo que sólo era conocido por algunos invitados de sus muy celosos propietarios. Según Thierry Savatier, que ha estudiado el devenir de la tela, Duchamp no pudo verlo en la casa de campo de los Lacan (lo que generalmente podría considerarse como una hipótesis probable), aunque tal vez sí algunas décadas antes, cuando su propietario era Émile Vial, a quien tal vez conociera de Puteaux. Hubiera visto o no el cuadro, sí conocía su existencia y sobre todo su historia de obra privada, secreta, oculta tras unas cortinitas verdes en la mansión de Khalil-Bey, o por un tablero deslizante de madera en casa de los Lacan. Es esa contradicción entre exhibicionismo y ocultación la propuesta más valiosa de una obra que se crea a partir de su relación con el espectador y cuyo argumento principal es la forma en que es contemplada, una vez que su autor material se ha desprendido ya de ella. Esta relación compleja y creadora entre obra y espectador es una aportación de El origen del mundo a Étant Donnés más significativa que la similitud iconográfica.
De hecho, la obra de Duchamp se relaciona mejor con la pintura que realizó André Masson sobre la tabla deslizante de madera que ocultaba la obra de Courbet en casa de su cuñada, Sylvia Bataille-Lacan. Esta obra-bisagra, que ocultaba la obra en sí y que ahora ha quedado ocultada por el olvido, transformaba el cuerpo que yace detrás de la tabla en un paisaje en el que los pechos son colinas y el sexo,
Pero El origen del mundo es uno de tantos afluentes de una obra polisémica e intencionadamente abierta. En el libro Exquisite Corpse: Surrealism and the Black Dahlia Murder,Mark Nelson y Sarah Hudson Bayliss asocian la instalación de Duchamp al asesinato de Elisabeth Short, la Dalia Negra, que sacudió a la opinión pública americana en 1947. Las imágenes de su cuerpo desnudo y mutilado entre la hierba alta y, especialmente, la posición de la prensa, el espectador colectivo, frente al crimen encuentran un paralelismo en la obra duchampiana. Como también lo encuentran las vírgenes de las rocas de Leonardo (un artista tan conceptual y que con tanta premeditación había yuxtapuesto naturaleza, corporeidad y mecánica, que Duchamp debía sentirse perseguido por su fantasma toda la vida, por lo que el hecho de que le pintase bigotes a la Gioconda debe tomarse como un acto de justicia y no de inconoclastia).
Sin embargo, el único paralelismo explícito de Étant Donnés es con La mariée mise à nu par ses célibataires, même,el Gran vidrio,de la que en muchos aspectos es la continuación y también la antítesis. El título es una de las anotaciones de la Caja verde.Reaparece la posición problemática del espectador. En el vidrio,la transparencia y los reflejos alteran irremediablemente la percepción de una obra que se confunde con los espectadores y el entorno; en el ensamblaje el espectador queda fijado por su acto de voyeurismo.Reaparece el texto, allí unas notas fragmentarias y poéticas sobre el contenido de la obra; aquí unas indicaciones precisas sobre su montaje. Reaparecen los dos elementos naturales que generan electricidad y mueven los ingenios mecánicos, el agua y el gas, allí invisibles, aquí evidentes, ocupando el punto de fuga del trampantojo. Reaparecen pues los mismos actores, allí prácticamente irreconocibles, aquí exageradamente realistas. Y en fin, reaparece la novia, allí a punto de ser desnudada, aquí postrada sobre la hierba.
Enviado el 29 de Junio. << Volver a la página principal << |
