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Enero 24, 2008
Anne Berning, el juego de amontonar · Abel H. POZUELO
Originalmente en el cultural

Los lugares que habitan los críticos, los comisarios, los directores de museo y galeristas, los doctores en Historia del Arte y, en especial, muchos artistas están invadidos por libros de pintura, postales con reproducciones de cuadros, monografías y enciclopedias del arte. A cada reparto de correo, nuevas invitaciones y catálogos de exposición se acumulan en un buzón postal ya casi sólo visitado por ellos y los asuntos del dinero. Cada miembro del comité del planeta arte tiene un río furioso, un volcán, tsunamis o cordilleras de papel impreso que amenazan con derrumbarse sobre las ollas, hundir el piso, salir derramadas por las ventanas o tirar abajo las puertas.
La era que siguió a Gutenberg no ha acabado para los que viven en ese planeta. Su literatura y la reproducción de imágenes del pasado son agentes activos en cualquier reflexión sobre las cuestiones que organizan, que dan sentido, que vertebran y hacen discutible las obras, en especial la pintura. Los artistas que pintan hoy se rodean menos de modelos desnudos que de libros sobre pintura: falsos museos en miniatura donde la Historia de las imágenes manuales son una y otra vez miradas, analizadas, procesadas, interpretadas, reapropiadas, desmenuzadas, despedazadas, expropiadas, amadas, negadas... Anne Berning (1958) hace de su obra una pura constatación de tal realidad así como de las causas que la provocan y la madeja de juicios que de ello emanan.
Los lugares que habitan los críticos, los comisarios, los directores de museo y galeristas, los doctores en Historia del Arte y, en especial, muchos artistas están invadidos por libros de pintura, postales con reproducciones de cuadros, monografías y enciclopedias del arte. A cada reparto de correo, nuevas invitaciones y catálogos de exposición se acumulan en un buzón postal ya casi sólo visitado por ellos y los asuntos del dinero. Cada miembro del comité del planeta arte tiene un río furioso, un volcán, tsunamis o cordilleras de papel impreso que amenazan con derrumbarse sobre las ollas, hundir el piso, salir derramadas por las ventanas o tirar abajo las puertas.
La era que siguió a Gutenberg no ha acabado para los que viven en ese planeta. Su literatura y la reproducción de imágenes del pasado son agentes activos en cualquier reflexión sobre las cuestiones que organizan, que dan sentido, que vertebran y hacen discutible las obras, en especial la pintura. Los artistas que pintan hoy se rodean menos de modelos desnudos que de libros sobre pintura: falsos museos en miniatura donde la Historia de las imágenes manuales son una y otra vez miradas, analizadas, procesadas, interpretadas, reapropiadas, desmenuzadas, despedazadas, expropiadas, amadas, negadas... Anne Berning (1958) hace de su obra una pura constatación de tal realidad así como de las causas que la provocan y la madeja de juicios que de ello emanan.
Berning se sitúa dentro del terreno conceptual pero emplea casi únicamente el óleo en cuadros que a menudo adoptan una presencia escultórica y se organizan como instalaciones site especific. En esta segunda individual en Espacio Mínimo, tras la reciente y exitosa del CAC de Málaga, la artista alemana regresa al tema fundamental de sus pinturas representando imaginados pero plausibles lomos y cubiertas de libros o catálogos sobre pintores reales.
Así, lo que aquí encontramos reunidas son piezas (óleos sobre lienzo) más altas que nosotros reunidas que representan un conjunto de lomos de libros sobre diferentes pintores, colocados como si estuvieran en una estantería. O la recreación de un gigantesco expositor con variopintos catálogos o libros de pintura. O estos mismos representados de forma única en lienzos colgados de la pared. Como en los mundos de Jonathan Swift, la ruptura de las proporciones, la escala del mundo representado, son una llamada de atención desde la sátira sobre el asunto que se despliega como algo que hay que interpretar de nuevo. Una provocación amistosa que se desenvuelve en varias cosas a la vez. Se trata de una propuesta de juego hacia el visitante, juego de adivinanzas sobre asociaciones, vidas paralelas, exclusiones, solapamientos, reuniones: juego de apariencias, juego con los órdenes, las épocas y los géneros. Y también de una reflexión crítica sobre el amontonamiento, las clasificaciones, el arte como objeto, sobre la simplificación de un estilo, época o artista y de la pintura en sí a una colección de ejemplos, de obras maestras.
Mediante un procedimiento de cita y de reproducción no mecánica, Berning crea una suerte de palimpsestos donde inventa posibles envoltorios que contienen y excluyen la pintura de los autores que representan. Homenajes no personales, más bien de bibliotecaria. Sus pinturas plantean un juego de espejos infinito. Entre lo mental y el placer del devenir pictórico. Entre la profunda reflexión y el juego público. Como apunta Andreas Bee, indican que no se puede estar en el arte y ser ajeno a sus asuntos. Anne Brening no hace otra cosa que predicar con el ejemplo.
Enviado el 24 de Enero. << Volver a la página principal << |
