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Noviembre 20, 2007

Teresa Margolles: «convertiré la galería en un mausoleo». Javier DÍAZ-GUARDIOLA

Originalmente en ABCD:

Margolles Teresa150Las paredes de la galería se cubrirán de negro, y sobre un lujoso suelo alfombrado se situarán las vitrinas que albergarán las joyas diseñadas por la mexicana Teresa Margolles (1983). La intimidad de la sala, tan sólo iluminada por los halógenos dirigidos hacia las piezas, se romperá cuando el visitante descubra la historia que cada una de ellas oculta. Margolles, para la que esta exposición en Salvador Díaz es su primera incursión en un espacio privado en España, enfrenta al espectador a una realidad insostenible demasiado habitual en su país de origen y nos obliga a reflexionar sobre la legitimidad de algunas acciones, con el encuentro con la muerte, que siempre ha rodeado su imaginario, como telón de fondo.

Comparadas con otros anteriores, su proyecto madrileño podría ser tildado de «amable»: con él se convierte en diseñadora de joyas. ¿Dónde reside su perversión?

Mi idea no era trabajar con el diseño, que no me interesa, sino partir de unas joyas auténticas, a las que se les retiraba su valor, las piedras preciosas que contenían, y se le añadía otro, el de los cristales recogidos en los escenarios en los que los narcos realizan sus ajustes de cuentas. Muchos de esos cristales los recogí del suelo, pero otros hubo que sacarlos con pinzas de cadáveres. De alguna forma, se trae a la galería a esos muertos y se plantea la pregunta de si alguien será capaz de lucir unas joyas que nacen de la muerte, que a su vez han sido hechas por el joyero que diseña las joyas a los narcos. La galería se va a transformar en una joyería, con todo su lujo, pero cada joya será la historia de un asesinato; cada una es un cuerpo. Eso hace que esto se transforme en un mausoleo.

¿Por qué como espectadores nos cuesta tanto enfrentarnos a la muerte?

En este caso, tal vez porque de lo que se hablará no es de muerte, sino de asesinatos. Si en este preciso momento tiendo a tratar esta cuestión es porque es lo que está viviendo el norte de mi país y he de denunciar. Llevamos 2.800 asesinatos en lo que va de año. Para la instalación 127 cuerpos me serví de los hilos con los que se cose a los muertos durante las autopsias. Entonces el tema que me ocupaba era el cuerpo. Lo que trataba era que éste estuviera lo menos presente posible, pero que se hablara de él. Con esos hilos creaba una línea de contención que «elevaba» los cuerpos abandonados para los que habían sido utilizados. Era una obra en la que tampoco se podía ver nada, porque ya no trabajo mostrando el cuerpo, sino con su periferia.

Es cierto que su tratamiento de la muerte ha evolucionado, que ha pasado de su evidencia a un lenguaje mucho más simbólico.

El tiempo de permanencia dentro de la morgue ha sido fundamental. En mis inicios los intereses eran más físicos porque quería saber qué ocurría tras la muerte. Pero una vez dentro de la morgue empecé a ver el cuerpo no como materia anatómica, sino como ser social. Y dentro de ese espacio social, me he interesado también por la crudeza física que experimenta el cuerpo. Hubo un tiempo en el que para trabajar leía expedientes, que hablaba con las familias. Ahora, para Madrid, he leído mucha prensa.

Es inevitable hablar de SEMEFO. ¿qué fue, que aportó y por qué se disolvió como colectivo?

SEMEFO comenzó como una reunión de cuatro amigos que se juntaba para hablar de música, de cine, para hacer lecturas... El grupo estaba formado por gente muy diversa, y a nosotros se fueron uniendo otros artistas y estudiantes universitarios que entraban y salían. SEMEFO aportó muchísima libertad a la escena creativa mexicana. Fuimos un grupo anarquista que lo mismo podía trabajar en un museo que en un antro. Nuestras mayores aportaciones fueron las musicales y las visuales, pero también creo que se hizo más mito de ello de lo que fue. Yo he leído más de lo que hicimos que lo que realmente fue. Una vez que dejamos de hacer acciones violentas, el grupo comenzó a desmembrarse. A mí el colectivo me aturdió muchísmo. Creo que fue demasiado el ruido que hicimos y eso me llevó a refugiarme en el silencio. Mis ideas eran y son las mismas, pero más sumidas en el silencio.

¿Es legítimo que algunos espectadores sientan indignación o recelo con instalaciones como ésta o como «Vaporizaciones», o «Trepanaciones», una vez que descubren lo que esconden?

Pero es que si lo supieras de antemano no te acercarías a la pieza y no se produciría la reflexión que busco en el espectador. Antes calificábamos la instalación de Salvador Díaz de amable, pero obras como las que mencionas también lo eran. Personalmente, lo de Madrid es mucho más agresivo, porque estas obras tienen un valor de uso. Aquí tú eres el que decides si te pones las joyas o no. Es la gran pregunta. Lo que a mí me disgustaba, por ejemplo, de Vaporizaciones es que era una pieza que daba demasiado pie a la ensoñación, lo que conducía a que se olvidara el origen de ese agua con la que habían sido lavados cadáveres. Algún crítico dijo que se respiraban espíritus y no era así: se respiraban cadáveres. Un cadaver es un cuerpo que se libera del alma y, por lo tanto, la esencia genuina de lo corporal, que en mi caso tiene además todas las connotaciones de un ser anónimo, abandonado, masacrado, carne de fosa común... En definitiva, con esa pieza se estaba oliendo una situación social.

No es la primera vez que se ocupa del hampa de la droga, ni que utiliza el cristal como material.

La instalación Sobre el dolor es de 2006, y en tan sólo un año el número de crímenes ha crecido de manera exponencial en México. La modalidad que tiene más auge ahora es el ajuste de cuentas de carro a carro. Cuando se llevan la evidencia judicial, lo que quedan son los restos en el suelo, restos que se van integrando en la ciudad, que se alojan en sus grietas. Eso hace que muchas ciudades sean brillantes en la noche. Con esa idea de lo brillante pensé en hacer un suelo con esos cristales para la Bienal de Liverpool. La idea de Gerardo Mosquera, su comisario, era reflexionar sobre qué le devuelve América a Europa. Mi respuesta es que lo que devolvemos es muerte masiva.

¿Qué aporta esta exposición a ese discurso?

Por primera vez el espectador es capaz de poseer el cuerpo muerto. Una galería es un espacio de exhibición de objetos decorativos. Lo que se ve aquí se puede adquirir y poner en casa. La idea de que un particular pueda acceder a estas piezas y que además asuma lo que colecciona es lo que más me interesaba.

Apuntemos que las joyas han sido encargadas a un joyero de un mercado concreto de Sinaloa.

Es otra de las cargas que las rodean. Han sido elaboradas por un joyero muy metido en un contexto basado en la discrección y el silencio. Por un lado, me interesaba ese silencio de la joya: si no sabes de ellas, no distingues lo que te quieren contar. Por otro, tienen un gusto muy burdo, de exhibición. En México se llama buchón a la persona que puede o no ser narco, pero que le gusta exhibir y ser confundido con ellos porque eso impone respeto. En Casa de América trabajé recientemente con un decálogo, las diez sentencias basadas en el miedo con las que los narcos firman sus crímenes y amenazan a los vivos. Estas joyas son su contrapunto, son el silencio, pero también su prolongación porque si cualquiera de esas sentencias se acompañan de una persona que las lleva, tú quedas anulado totalmente.

Con acierto ha explicado que esto es una galería privada y que su fin es que se produzca una transacción económica.

Esa es la gran pregunta. Las joyas están ahí. Esa aparente inocencia de la pieza es el inicio de un sendero mucho más complicado. También me preguntaron con 127 cuerpos si era ético exhibir ese trabajo. En ese caso hablábamos de hilos; ahora lo hacemos de vidrios. Aquí no hay ni una gota de sangre; allí todavía había grasa. ¿Se puede hacer? Claro que sí. Lo importante son las consecuencias.

Acaba de obtener el pasaporte español. ¿Cambiará eso sus inquitudes como artista?

Lo he pensado. Si me asiento en Madrid, ¿qué haré aquí? Siempre llevaré México conmigo. Pero todo se va fusionando. En Nueva York me dijeron que no sería capaz de trabajar en el Primer Mundo. Si uno se pone trabas no puede trabajar ni en México. Hay que aprender a encontrar esas fisuras en las que se meten los cristales.

Enviado el 20 de Noviembre. << Volver a la página principal << | delicious

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