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Octubre 01, 2007
Sobre la otra vida. Mercedes Monmany
Originalmente en abc.es
En su último libro, o tratado, que merodea metafísicamente de nuevo sobre el hecho de la muerte y «la persistencia del alma», Diario de un mal año, el gran escritor de nuestros días y Premio Nobel de Literatura, J. M. Coetzee, parece echarle un pulso al lector contemporáneo, ese fiel lector que, en su caso, sabe perfectamente que no es un autor sumiso ni cómodo, y que cada obra nueva la entiende de nuevo como un desafío apasionante de creador.
También podríamos decir que con este libro parece «retar» cierta idea tópica de lectura que se ocupa de echar por tierra, con todos los patrones al uso que aconsejan no ignorar al mercado en nuestros días, pensar bien lo que jamás se le puede ofrecer al lector, «en un mundo subordinado por completo a los principios comerciales», como él mismo advierte: es decir, se trata de lecturas incómodas, irritantes y difíciles de entender, no ya sólo en su significado primario que, en cierto modo, se puede descubrir con facilidad, sino en lo que respecta a la razón misma de la obra: ¿Hacia dónde lleva todo esto? Porque las dudas que alberga este lector desconcertado, nada más iniciar su lectura, le hacen vacilar, incluso, «técnicamente»: ¿Cómo llevar a cabo esta empresa de lector de un discurso que se supone organizado de alguna manera?
Al milímetro.
Libro en abismo, narración dentro de la narración, equilibrismo y juego metaliterario exquisito y brillantísimo, el libro de Coetzee está ordenado simbólica y físicamente a través de dos partes simultáneas, sincronizadas al milímetro. Dos partes «espaciales» y visuales: arriba y abajo. En la parte superior de la pagina, el lector accede a una serie de ensayos de carácter fundamentalmente (aunque no solo) político o de filosofía política (el origen del Estado, la «necesidad» de la democracia, el terrorismo islámico, la tortura), de un ciudadano o pensador exhausto, de tendencias libertarias en muchas ocasiones, enrabietado con su época. Un notable polemista con brillantes dotes para el ensayo, ensartado sin cesar de referencias cultas. Pero la ruptura de ese discurso lleno de «opiniones contundentes» asoma inmediatamente, desde la primera página, como una impertinente intromisión en ese mundo compacto de las «ideas», en el que se sitúa marginalmente, en su parte baja, con la humildad de una nota a pie de página.
Refunfuñar en público.
En esta narración secundaria (o principal, según lo que el lector haya decidido), protagonizada por dos sujetos, hombre y mujer que dialogan entre sí, al cabo de un rato se nos informa de la razón de las reflexiones sobre el mundo actual que el lector ha ido leyendo en la parte superior de la página. C. es un escritor conocido, algo decrépito y malhumorado, que se define como «viejo» y que ha recibido el encargo de una editorial alemana («la oportunidad de refunfuñar en público») de escribir junto a otras seis «eminencias grises» sobre una serie de temas actuales, cuanto más polémicos mejor, que demuestren «lo mal que va el mundo». O, más simplemente: que el mundo es injusto. Pero C., que vive en la planta baja de un enorme rascacielos, no está tan muerto como pensaba. Se acaba de fascinar por la visión de una joven y bella vecina, un ser «celestial», casi «angelical», que vive en el piso 25 y que le enciende de nuevo el deseo.
Ella, Anya, se convertirá en su primera lectora, en su Eurídice repentina y escogida para «sostenerle la mano hasta que llegue a la misma puerta», cuando emprenda «el camino del olvido». Una terrenal Eurídice atrapada con una vulgar trampa: C. le ofrece un absurdo puesto de secretaria para estar junto a ella. Esta lectora inocente, infantilizada, tiende al aburrimiento, al enojo, se cansa con facilidad al tener que pasarle a limpio los ensayos: ¿Qué va tan mal en el mundo de hoy? ¿Por qué hablar tanto de política, si a todo el mundo «le hace bostezar»? Y lo más importante: ¿Por qué no escribe una novela, «que se le da bien»? La respuesta del escritor (citando secreta e irónicamente a Musil y El hombre sin atributos) es: «Para escribir una novela tienes que ser como Atlas, cargar con todo un mundo en tus hombros y sostenerlo durante meses y meses? Es demasiado para mí en mi estado actual».
Enviado el 01 de Octubre. << Volver a la página principal << |
