« Los restos del día. CARLES GUERRA | >> Portada << | Jonathan Hernández, registro y resistencia. David BARRO »
Octubre 31, 2007
El artista tranquilo. BEA ESPEJO
Originalmente en LA VANGUARDIA:
Los consideramos esenciales y, al mismo tiempo, desvalidos. Aislados, tienen tendencia a desaparecer, a extraviarse en un santiamén, aunque basta un leve esfuerzo de observación para que sean evidentes. Fragmentos, partículas, minúsculos detalles o fracciones nos dan la idea de que todo, desde los sueños hasta la camisa que llevamos puesta, es tan sólo una cuestión de acumulación. Distraídos en una dispersión casual aunque estudiada, cada pequeño elemento que habita en el taller de Ignasi Aballí se define exactamente así. Desde un grano de polvo a un bote de pintura, todo parece funcionar por matizada gradación, del casi nada al todavía no,en un recorrido circular e inacabable. Todo en aparente calma, amontonando tiempo. Nada que se mueva en ningún sitio. Nada que ver en ningún sitio. Nada que oír en ningún sitio.
Ignasi Aballí (Barcelona, 1958) hace del elemento mínimo su material de lectura. Aunque como cualquier acto, leer significa también saber desviarlo. Puede parecer contradictorio, y lo es, que Aballí se ocupe del trabajo acumulado del mismo modo que lo hace un dj cuando compone su sesión musical copiando, pegando y poniendo en relación sonidos grabados. Atento al fragmento y al residuo, hace del mundo del reciclaje un nuevo producto. Inventa itinerarios y reglamentos de uso a partir de estructuras formales preestablecidas, como las que se encuentra en su vida cotidiana. Su trabajo es pues, un conjunto de capas de información. Igual que su taller, su producción artística se define como una superficie de almacenamiento de datos. Pinturas, esculturas, fotografías, vídeos e instalaciones están llenas de inventarios, acciones, argumentos, porcentajes o temas. Lo son sus Cartas de colores,una de sus series más emblemáticas que, desde principios de los años noventa, sigue releyendo y catalogando. Lo son sus Correcciones y la sobreexposición deliberada del error en las que con Tipp-Ex redefine lo pictórico. Son los restos de ropa que se quedan en el filtro de la secadora que el artista recolecta y guarda pacientemente durante años hasta obtener la cantidad suficiente para componer sus obras tituladas Materia textil; o las acumulaciones de Polvo sobre estanterías, paredes y lienzos que acaban tiznados con esa materia frágil, mezcla de todo lo que se erosiona.
Así el artista empezó a trabajar en su reflexión por la modificación más imperceptible que enmarca su trabajo en la línea conceptual y antiformalista de los años ochenta. Todo eso mientras el arte seguía arraigado en las prácticas postexpresionistas y abstractas y nacía un nuevo interés por reducir la pintura a concepto, una tendencia que corresponde con el apogeo de la producción industrial, el consumo masivo, la cibernética y la teoría de la información, contemporánea de los primeros microordenadores que introducen, en la práctica artística, el almacenamiento de datos, la clasificación y la noción de fichero.
También son registro de inventarios las huellas de pisadas en la pared de Personas (2000), las 24 hojas DIN-A4 impregnadas de la tinta que da de sí un cartucho de impresora de su obra Malgastar (2003), las 365 imágenes recortadas de la portada del periódico ordenadas cronológicamente y dispuestas por meses de Calendario (2005/ 2006). Lo son las tiras de imágenes anónimas que apenas vislumbramos por la velocidad mecánica del laboratorio de revelado rápido en Revelaciones (2005) y los Índices (2006) que reproduce íntegramente de diccionarios, novelas, manuales o enciclopedias como un ejercicio de escritura, a la manera de Georges Perec. También las 16 horas de tiempo inaccesible para el público del Museu d´Art Contemporani de Barcelona (Macba) que grabó haciendo uso de las cámaras de seguridad en 0-24h (2005). Aunque por encima de todas ellas, lo son las obras que el artista llama explícitamente Inventarios,listas exhaustivas de diferentes aspectos de la realidad como las lenguas, los movimientos filosóficos, las profesiones, las religiones, las medicamentos, las enfermedades oculares o la lotería, y los Listados,en los que, desde hace más de una década, recopila y aísla los datos que extrae de la lectura diaria del periódico. Unos trabajos que, de nuevo, se definen por enumeración y recogen, de manera sutil, dos de los intereses máximos del artista: la reflexión por la acción mínima y el empleo de la ficción como material y situación.
Precisamente una selección de treinta Listados,así como la obra Inventario (Lenguas A-Z), sólo antes vista en la Bienal de Pontevedra del 2004, han dado respuesta a la invitación que Robert Storr hizo a Ignasi Aballí para que participase en la actual 52 ª Exposición Internacional de Arte de la Bienal de Venecia. Una presencia (la única de un artista español) en la muestra Piensa con los sentidos. Siente con la mente. El arte en el tiempo presente,que sin duda celebra el particular grand tour profesional del artista en los últimos dos años tras su exposición 0-24h en el Macba, el Museo Serralves de Porto, en Ikon Gallery de Birmingham y en ZKM de Karlsruhe, así como su reciente participación en la 8 ª Sharjah Biennale en los Emiratos Árabes, la exposición Intouchable en Villa Arson y el Patio Herreriano o su próximo proyecto individual en la Galeria Estrany-de la Mota. Pocas revelaciones aún así si tenemos en cuenta una carrera iniciada hace más de dos décadas llevada a cabo bajo una absoluta coherencia, ante la cual el mundo del arte global (porque el local lo es y desde hace mucho) parece que empieza a ser verdaderamente consecuente.
Como en el resto de su producción, los Listados contienen esa capacidad de sugestión, tan propia del artista, en que lo textual se convierte en imagen y viceversa. Lo mismo que en series como Desapariciones (2002) o Sinopsis (2005). Una abstracción al fin y al cabo, similar a la del cartel de una película o al breve resumen que de ésta podemos encontrar en la cartelera del periódico que en realidad sólo anuncian una idea generalizada de ficción. Así pues, el suyo es un trabajo de micropiratería con el que se cuantifica la realidad a la manera de un operador textual. Como los dos calendarios de años contiguos que cuelgan en su estudio, uno al lado del otro, ambos detenidos en el 19 de octubre. Ignasi Aballí imagina vínculos y relaciones entre sitios dispares, cultiva oposiciones y contradicciones y, cual semionauta,produce recorridos particulares entre signos. Su trabajo se organiza como un puzzle, a partir de cada pequeño elemento pero, sobre todo, gracias a la existencia de unos límites dados. El suyo es pues, un constante ejercicio de pensar y clasificar; un mundo de objetos aludidos en el que lo artístico nunca tiene un lugar incuestionable donde, en cada caso se construye una manera de sacar las cosas de costumbre; un homenaje a lo anónimo. La observación del transcurrir del tiempo y su huella, el cultivo de la ficción y la materialización de la espera. En sí, una acción ligada a una inacción.
Como la del escribiente, un preferiría no.
Enviado el 31 de Octubre. << Volver a la página principal << |

