« El humor. Seis artistas en busca de la ironía - Rocío DE LA VILLA | >> Portada << | Sean Snyder, lo que los medios esconden - Ramón ESPARZA »

Septiembre 02, 2007

La estética de lo insustancial - Arnau Puig

Originalmente en abc.es

Pensar

Un amigo mío de los heroicos años cuarenta y cincuenta de lucha juvenil, Salvador Aulèstia, autor algún tiempo después de una monumental escultura, Sideroploide, obtenida del desguace de un buque mercante, se dedicaba a crear mobiliario hacia los años sesenta, entre el que abundaban unas sillas que él señalaba como útiles para pensar, pero no para la comodidad. Pues bien, esta muestra colectiva en el espacio de Santa Mónica ofrece unos llamados objetos artísticos que no son para el goce y solaz del alma y la sensibilidad, sino para perturbarla, para provocarla, para que se conviertan en inquiridoras e inquisitivas, preguntándose: ¿a qué viene a cuento eso? Cuestión que surge porque aquellos objetos e imágenes se hallan emplazados en un recinto que se entiende como dedicado al arte. De encontrarse estos enseres, fotografías y vídeos en casa propia o en la calle, sólo les prestaría atención quien entrara en comunicación interesada con lo que ve o capta en lo que se ofrece a su sensibilidad.

Ahí se emplaza la cuestión y la intención de los comisarios: que al entrar en un antro reconocido socialmente para la sensibilidad -está subvencionado para ello- quien atraviesa los límites sienta inmediatamente alterada su normatividad y se pregunte el por qué de todo ello.

El por qué de todo esto. Por qué, por ejemplo, hay que dedicar tiempo -eso que connota, justifica y es tan escaso en nuestra vida- a pensar sobre qué es lo que otros seres, llamados también socialmente artistas, nos proponen, y por qué nos lo proponen de una manera que, si aplicamos el sentido común, no sirven para nada; y, acto seguido, somos nosotros quienes hemos de pensar en interrogar -e interrogarnos- sobre qué son y qué hacen aquellos enseres heteróclitos allí, puesto que hay de todo: carros de supermercado (Bisbe); objetos y maquetas de metal o de madera (Slominski); sillas y niveles inutilizables (Pitarch); puertas cerradas (Dora García); paneles de proyección cinematográfica sonora (Fischli-Weis); vídeos -con gags (Ben Ner), con historietas (Hessler), con información ciudadana (Ahmet Ögüt)-; acumulaciones escultóricas de enseres (Schäffer); hojas de calendario anotadas a la manera de un memorial (Recarens); fotografías y calendario-congeladores del tiempo (Alicia Framis); disposición de variopintas zapatillas muelles (Althamer); pinturas parietales (Perjovschi)... En conjunto, mezcla heterogénea de objetos que el observador, al transitarla, no puede abstenerse de pensar en su por qué en aquel lugar, que resulta insólito.

Ocupación del tiempo ajeno.
La respuesta la extrae quien se cuestiona: tal vez se trata de una ocupación del tiempo ajeno, único bien perenne que se puede poseer en la vida, que puede convertirse en fuente de enriquecimiento o en temor y terror ante su pérdida vana; también puede ser que los instaladores quieran provocarnos una serie de vivencias a partir de sus propias preocupaciones, obsesiones o deleites; o, puesto que el proyecto nos atrapa, podemos llegar a la conclusión de que como lo que allí hay está mostrado según una específica intención, tal vez deba entenderse que se trata de objetos a considerar como artísticos, con lo se puede concluir que «el arte es una disciplina desde la cual se observa la realidad» (Barenblit), y que los objetos de arte no se muestran, sino que somos los observadores los que nos mostramos cuando los tomamos en consideración llenándoles de nuestra propia proyección sentimental o preocupación social.

Producto o reliquia.
Arte sería también -otra observación de Barenblit- lo que ocupa no sólo su propio espacio, sino el espacio que exige para ser observado y considerado y, luego, absorbido o abandonado; con lo que, añadimos -y eso puede ser una de las líneas del arte de un futuro- que el arte será un producto de consumo y no una reliquia del alma y sus sentimientos.

Todo ello, que va implícito en lo mostrado -una colección de objetos preparados por unas personas consideradas como generadoras de objetos destinados a provocar pensamiento-, para que tomemos conciencia de que las cosas son su percepción. Que es de lo que nos damos cuenta mientras recorremos los espacios en los que se nos muestran, y que, en el montaje general, otro de esos creadores de espacio interesante, Joan Morey, nos ha preparado para que, emplazados en un interior de diseño, nos dediquemos a reflexionar, a pensar lo que hemos visto.

Enviado el 02 de Septiembre. << Volver a la página principal << | delicious

Publicar un comentario

(Si no dejó aquí ningún comentario anteriormente, quizás necesite aprobación por parte del dueño del sitio, antes de que el comentario aparezca. Hasta entonces, no se mostrará en la entrada. Gracias por su paciencia).

Copia las dos palabras de la imagen en la casilla correspondiente: