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Julio 22, 2007
Pierre Huyghe: «Apuesto por que arte, placer y juego sean el mismo concepto» - Javier Díaz-Guardiola
Originalmente en abc.es
Es uno de los artistas más interesantes del panorama internacional. Cada una de sus exposiciones se convierte en una forma de experimentar el espacio expositivo y el tiempo que lo sustenta. Eso es justamente A Time Score, la primera individual de Pierre Huyghe (Francia, 1962) en España.
¿Por qué lo del MUSAC no es una retrospectiva sino un «evento»?
Efectivamente, no es una retrospectiva. Podría haberlo hecho, pero me gusta más la idea de «reactivar» las obras. Eso es un «evento», en el sentido de que se trata de la presentación de diferentes trabajos que se encuentran, que se influyen, pero en la que lo determinante no es el marco. Una exposición debe ser una experiencia, no simplemente algo que se contempla desde la distancia. Quiero que la gente juegue, que sea activa, que sienta cada cosa como si acabase de ocurrir. A eso es a lo que me refiero con ese término.
Nuestro suplemento ya se hizo eco de sus expos en París y Londres. Muchas de sus obras son las que están ahora en León. Lo justo sería preguntarle por las nuevas y cómo se reactivan las antiguas.
En realidad, hay muy pocas obras nuevas, apenas el neón... Pero siempre se puede mezclar lo nuevo con lo antiguo. Por ejemplo, en la entrada hay una pieza sobre Ann Lee. También está la obra sobre la dobladora francesa de Blancanieves, junto a la marioneta que me representa en la película de This Is Not a Time for Dreaming. De esta forma, esos personajes salen de obras distintas y dialogan entre sí. Son como tres retratos de mí mismo. Eso no se daba ni en París ni en Londres. Lo de París era más una experiencia, mientras que lo de la Tate se acercaba más a una exposición en el sentido clásico. Aquí recreo cosas. Lo que me interesaba en el fondo era mostrar distintas formas de exponer una obra, modelos distintos de exposición que pueden ser experimentados. Para mí una película puede ser una exposición, porque grabo todo un espectáculo. Definitivamente, esta muestra es una colección de exposiciones.
Para una artista que intenta diluir el concepto de autoría, ¿no estamos poniendo demasiado el acento en la primera persona?
La exposición «empieza» con la proyección de A Smile without a Cat, la obra sobre Ann Lee. Lo primero que ve uno al entrar es a Pierre Huyghe y a Philippe Parreno, por lo que sí, se empieza hablando de autoría y de mi relación con otro artista. Y es verdad que se ve mi marioneta, que no considero un trabajo artístico. Todas las obras las he hecho yo, en ellas fui siempre yo y, en algunos casos, fueron resultado de colaboraciones con otros artistas u otras personas. Cuando se trata la cuestión de la autoría, lo que me interesa no es tanto decir que el concepto desaparece. Yo hablo de tocar, una vez que se conocen las notas, las variaciones. Sólo así se confunde completamente al artista, es decir, a quién hace qué. A veces instrumentalizo a otro artista; otras, trabajo sólo o con diez personas; a veces se colabora con amigos; otras, con gente que no conozco. Lo interesante no es decir que todo es tarea de uno o de un colectivo. Se trata de jugar con las distintas posibilidades que ofrece la relación de autoría.
Otro de sus conceptos básicos es el de tiempo. Usted habla de la necesidad de que las obras tengan un tiempo «orgánico».
Por un lado, está el tiempo del reloj, la duración de tal acción. Cuando hablo de tiempo orgánico, me refiero a una ocasión, es decir, al momento de hacer tal cosa, un tiempo que no se ve definido por reglas. Se trata de un evento que puede morir y volver a aparecer. Busco algo que esté menos escrito, menos construido, momentos paralelos, no una proyección en el futuro de una nostalgia del pasado. Quiero hablar del ahora y de los distintos «ahora». El tiempo es algo demasiado abstracto, por lo que no me interesa. Me interesa la narración. El resultado suele ser un objeto, pero no me seduce tanto producir ese objeto. Lo destacable es la narración que le rodea: el antes, lo paralelo, el cómo fue creado, el cómo se puede reproducir... Y me interesa la narración porque siento que mi generación nunca se ha enfrentado a los acontecimientos directamente, sino que vive su narración por los medios de masas. Alguien nos cuenta la historia, por lo que la narrativa se vuelve trascendental. Y las narrativas usan el tiempo. Si se cambia el tiempo, se cambia también la narrativa.
Hay un sentido de celebración unido a lo colectivo en sus obras. ¿Está lo lúdico reñido con lo artístico tal y como lo concebimos?
Es una pregunta muy interesante. Para responder con precisión le contaré dos cosas. One Year Celebration trata sobre un ritual, un evento que se repite un día una vez al año, por lo que es como una performance que vuelve de forma natural. El sentido de celebrar algo se opone al de crítica. Eso no significa que no se pueda juzgar la obra o tener una opinión sobre ella, pero busco que ese posicionamiento se exprese no sólo a través del comentario crítico, sino participando en la obra, celebrándola. Por eso sí que hay una sensación de juego. Lo segundo tiene que ver con el placer, porque «lúdico» es una mezcla de juego y placer, y, por supuesto, en una exposición debe existir eso. Para mí, el arte, el placer y el juego son lo mismo. Históricamente no ha sido así. El arte representaba un cierto tipo de autoridad, por lo que tenía que ser serio. Se puede ser serio, pero se puede jugar. Los dadaístas eran muy interesantes, incluso los surrealistas. Buñuel es un artista fantástico y no paraba de jugar.
Se ha referido a la pieza de Ann Lee que posee el MUSAC. ¿Tiene ahora que pagarle derechos de autor a su protagonista cada vez que se exhibe?
Ann Lee es un personaje que creé con Philippe Parreno, basado en un libro de los que se venden en Japón con personajes que la gente compra para utilizarlos en videojuegos, anuncios o como soporte de una narrativa. Éste no había sido usado aún. Era muy nuevo, muy chic, y decidimos usarlo para darle, no una vida de ficción, sino una real que compartiríamos con dieciséis artistas. Después de eso, decidimos devolverle el copyright para que se perteneciera a sí misma, de forma que desaparecería de las representaciones, y ni nosotros la utilizaríamos. Ahora, no es código abierto, ni un tema de copyright: es algo entre medias. Sí puedo exhibir lo que ya está hecho; lo que no puedo es crear obras nuevas con Ann Lee. Su imagen ha desaparecido, y la obra del MUSAC es justo ese momento.
«Las ficciones no me pertenecen»; «Yo no poseo el jardín de senderos que se bifurcan». ¿A quién pide disculpas?
En realidad, no me disculpo. Cuando digo «yo», no me refiero a mí. Digo «yo» como persona de este mundo. Volvemos al tema de la autoría. Usamos cosas de forma natural cuya autoría está totalmente diluida. Por ejemplo, ¿quién inventó las vacaciones? En un momento dado pienso: «¡Ah, mira! Pues no está mal Blancanieves. Haré algo con ella», pero no se puede. La renuncia de responsabilidad es una frase jurídica que significa «uso esto, pero sé que no es mío». Y al reconocer que no es mío, tengo derecho a usarlo. Es una especie de truco, mi manera de decir que no me importa. Es sano que pueda interactuar con lo que me rodea, discutirlo y renegociarlo.
Enviado el 22 de Julio. << Volver a la página principal << |
