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Diciembre 15, 2006

SE MUEVE FAST - Elvia Rosa Castro

Lázaro Saavedrael Síndrome De La Sospecha Y Autoerotismo Intelectual
Se dice que las cosas tienen que ponerse malas para que se pongan buenas, y todo parece indicar que es cierto. El tiempo IX Bienal de La Habana no fue bueno, eso lo sabemos. Sobrevendría entonces una parálisis o un activismo artístico inusitado, aunque siempre, patéticos, habláramos de la primera opción. La resaca es nociva por naturaleza y ella debía manifestarse en la decepción, el desinterés, el desánimo y la especulación visible en mil y tantas teorías sobre el futuro del arte cubano.

Tal vez esto tenga su cuota de explicación en que aún confiamos demasiado en el papel de las instituciones, sus energías para encauzar esas razones que se han dado en llamar instrumentales y emancipatorias, sus fueros para generar proyectos rotundos y sólidos así como la fe en su autosuficiencia, ni lo duden, siempre autotélica: la institución es el fin de ella misma. Pero no. La realidad no se reduce a la institución, es rizomática, posee atajos, tangentes, y cada cual hace lo suyo.

Llama la atención cómo algunos artistas han hecho caso omiso de las variaciones anímicas, dando muestras de una producción postbienal simplemente sorprendente. Todo esto se pudo constatar en Fast Forward II, proyecto aglutinador de artistas visuales que están incursionando en el vídeo arte, sea formando parte de instalaciones, de ambientes, o simplemente la proyección de monobandas. El mencionado proyecto se realiza por segunda vez insertado en el Salón de Arte Digital y en esta ocasión contó con Inti Hernández, Ernesto Leal, Luis Gómez, José Ángel Toirac, Lázaro Saavedra, René Francisco Rodríguez y Sandra Ramos. Del lunes 19 hasta el domingo 25 de junio expusieron sus obras de manera individual, a día por artista, o mejor dicho, a noche por artista en el Centro Cultural Cinematográfico del ICAIC. Fast Forward II fue curado y concebido por Luisa Marisy, también coordinadora del forum teórico del evento.

Se dice que el primer material realizado en soporte de vídeo en Cuba es Espectador, de Enrique Álvarez (1989), aunque su historia narrativa se basaba en los fundamentos cinematográficos.

En el año 1994 el Museo Nacional de Bellas Artes organizó el primer festival de Vídeo Arte pero el mismo no tuvo más ediciones como consecuencia del cierre de la institución en 1996 para ser objeto de una remodelación capital.

A partir de ese momento, la Fundación Ludwig de Cuba comienza a promover este tipo de creación dentro de la isla en talleres como Cuba/Canadá Intervideo (1997) y el Festival Nacional de Vídeo Arte (2001) con una muestra competitiva en la cual tuve oportunidad de participar en calidad de jurado junto al realizador Fernando Pérez, el crítico Dean Luis Reyes y la especialista de la Fundación Ludwig de Cuba, Cristina González. En esa oportunidad resultaron ganadores, los screensavers de Carlos José García, Suspensión de Glenda León y la propuesta de Abigail González. Un año antes, en el 2000, el Instituto Superior de Arte había organizado el Festival Internacional de Vídeo Arte.

A pesar de que los intentos institucionales han sido dispersos tanto espacial como temporalmente, dato que posee, en mi opinión, diversas explicaciones que van desde el desconocimiento de esta manifestación que en Cuba apareció de manera esporádica en los 90 hasta el pedestre tema de la carencia de proyectores y tecnología para exhibir estos trabajos, los artistas, por motivos que pueden ir desde la exigencia del vídeo para el desarrollo de su poéticas –lo cual es muy legítimo- hasta ponerse online con las llamadas nuevas tecnologías y los patrocinadores de becas, residencias, etc, etc., han incrementado su trabajo en la esfera del vídeo arte.

Muestra de ello son las exposiciones personales y una colectiva que en mi opinión, puede marcar cierto hito en el interés de los curadores insulares por dicha manifestación dentro de la Isla. Me refiero a Copyright, expuesta en el otrora Centro Cultural de España (29 de enero al 2 de febrero del 2002) y curada por Suset Sánchez y Giselle Gómez.

En palabra de sus curadoras, “COPYRIGHT, al devenir en una primera confrontación pública en el circuito de exhibición del arte cubano de materiales producidos en soporte de vídeo, significó una suerte de paneo retrospectivo, plural e inclusivo en relación con la disímil naturaleza de los materiales estudiados y recopilados. De modo que nos enfrentamos a la empresa de organizar una muestra heterogénea que implicaba el gran riesgo de lo ditirámbico. Así que a través de la curaduría y la museografía tuvimos que explicitar las diferencias conceptuales y morfológicas de las obras, que incluían un diapasón desde la utilización del vídeo como medio de documentación y registro de experiencias performáticas, la vídeo-performance, la vídeo-instalación, el cine experimental, underground y alternativo, el documental y el vídeo-arte en sentido estricto”.

Para esta muestra fueron invitados Raúl Cordero, ENEMA, Pável Acosta, Italo Expósito, Fidel Ernesto Álvarez, Israel Díaz, Analía Amaya, Humberto Castro, Ezequiel Suárez, Manuel Piña, Felipe Dulzaide, Daniel Rivero, René Peña, Henry Eric, Iván Rodríguez, Juan Carlos Alom, Tania Bruguera, Lázaro Saavedra, Abel Oliva, José Fidel García, Javier Castro, Ángel Delgado, Carlos Garaicoa, Luis Gómez, Ernesto Leal, y Alexis Esquivel.

A pesar de que, como bien señalan las curadoras, la muestra era bastante heterogénea, fluyó. Todos los que allí asistimos agradecimos el gesto al tratarse del registro más completo que de este tipo de creación se hacía en La Habana. Orgánica en su museografía y concepción del programa, Copyright pasará al documento de la historiografía de las artes plásticas en Cuba, sin lugar a dudas.

Normalmente, las muestras de vídeo-arte que se cocían y aún diseñan en Cuba son destinadas a curadurías fuera del país. En primer lugar por la carencia de equipos propios del medio en las instituciones artísticas y el altísimo costo del alquiler de los mismos, aun cuando se trata de institución a institución estatales. En segundo lugar porque se trata de obras de alta intensidad –o bomba, como decimos aquí cuando algo sale bien y el autor le pone todo de sí- a pesar de la precariedad en que se realizan. En tercer lugar, para nadie es un secreto de que resulta muy fácil viajar con un DVD que recoge varias propuestas. Y en cuarto, nada, que está de moda todo el asunto de la creación digital, lo cual está demandando de una atención desorbitada, digamos jurídica, para este tipo de obra inmaterial en términos de derecho de autor.

Así las cosas, dentro de las muestras colaterales de la 9na. Bienal de la Habana (2006), el Museo Nacional de Bellas Artes realizó dos exposiciones de vídeo arte: Museo tomado, curada por Corina Matamoros e integrada por Tania Bruguera, Lázaro Saavedra, José Ángel Toirac, Carlos Garaicoa, Fernandito Rodríguez y Raúl Cordero con el propósito de mostrar lo que su curadora consideraba más interesante dentro de lo que en esos momentos –que casi son estos- se estaba realizando. Corina, dada las exiguas o nulas condiciones con que cuenta el MNBA en este sentido tuvo que reducir la nómina de sus propuestas y se quedó, finalmente, con un dream team intocable, con reconocido pedigree, aunque sí reprochable (la misma obra de Fernandito estaba exhibiéndose en La huella múltiple, la de Toirac acababa de verse en el IV Salón de Arte Cubano Contemporáneo, la de Tania era “vieja” desde el punto de vista temporal y vista por casi todo el mundo, la de Garaicoa se había visto hasta en Galería Habana… Lázaro, al vivir en el Cerro, tuvo “la llave” como dice una canción muy popular, es decir sacó la cara en el tema de los inéditos). De todas formas, los que accedieron en esos días al Museo, se encontraron compactadas, piezas que no habían visto antes por X o Y motivos o repasaron lo que habían apreciado en otro momento.

La otra expo emplazada en el Museo Nacional de Bellas Artes fue Proyecto personal, curada por Beatriz Gago, con la participación de Ernesto Leal, Luis Gómez y James Bonachea. A diferencia de las muestras que he mencionado, Proyecto… sí se nucleó en torno a una idea que se desprendía del registro de “esto es lo que está pasando ahora mismo aquí”.

Beatriz Gago continuaba una trilogía comenzada por Ezequiel Suárez –convocado por ella- en la Galería Galiano, DJ Pluvio presenta, Paganini regresa, expo que no era precisamente de vídeo y terminaría con la nunca vista Zona de contacto, suerte de sex shop que se proponía tensar las relaciones del arte con el público lego hasta decepcionarlo y, en el mejor de los casos, “ilustrarlo”. Pues el interés de la curadora no era tomar el vídeo como un fin en sí, sino demostrar su teoría acerca de la trascendencia en un país, sobre todo, donde esta noción está muy enraizada mientras, paradójicamente, estamos imposibilitados de trazarnos proyectos coherentes, teleológicos en sentido estricto. En un contexto dominado por el vaivén y la provisionalidad.

De modo que Proyecto personal se convirtió en una muestra de obligada referencia dentro de la IX Bienal de La Habana y a ella habrá que regresar cuando se hable de propuestas logradas. Por demás, Ernesto Leal, expuso acaso la pieza más interesante de estos tiempos: Marte, una tierra para reposar, la cual reseñé en La Gaceta de Cuba No. 4 del 2006.

Museo tomado y Proyecto personal fueron las primeras muestras de vídeo en ese espacio luego de ser reinaugurado el Museo en el 2001. Este año, además, vimos aparecer en Galería Habana Stop & Forward, en la que destacaba una pieza instalativa del Jaca (Alexander Arrechea).

LA PRIMERA VEZ QUE SE MOVIÓ

Fast Forward II tuvo su primera edición, en la cual se exhibieron obras de Raúl Cordero –considerado el pionero de este tipo de creación en Cuba y profesor de Vídeo en el Instituto Superior de Arte-, Alexandre Arrechea –El Jaca-, y Eduardo Moltó. Ambas muestras no difieren sino en la nómina. De ahí que las palabras de su curadora en el catálogo para la segunda edición, se adecuen, igual a la anterior: “En Cuba, como en la mayoría de los países menos desarrollados de América, el vídeo y las tecnologías digitales han arribado tardíamente. Sin embargo, tras su ‘descubrimiento’ por los artistas cubanos, ha ocurrido un proceso de apropiación y desarrollo muy rápido de este tipo de arte (…) Fast Forward se plantea como un “work in progress” que pretende desvelar, poco a poco, toda la riqueza y lucidez creativa de los que emplean el vídeo y las nuevas tecnologías para la realización de sus obras”.

En particular, disfruté mucho asistir al local que conocemos por “Fresa y chocolate”. Obras preciosas en varios casos (Sandra, Toirac, Luis, Lázaro), facturas endebles en otros (casi todos), chistes metonímicos en otros más, densidad tropológica en algunas (Inti y Luis) y así por el estilo… Otras eran epigramas visuales –mis preferidas-, mazazos que eran recibidos como rocío mañanero (Ernesto y Lázaro).

Pero sobre todo se agradece que luego del tsunami de hojarasca visual ocurrido en marzo y abril, nos re-encontremos con una muestra como esta, con la nómina por la que casi todo el mundo aquí y fuera de aquí apuesta y constatemos que el ánimo individual –aunque no jubiloso- produce… y produce fast. Como una plusvalía de creación que en este caso no tuvo, dentro de su elitismo claro, la “masividad” de consumo que reclamaba cada día, y es una pena pues nos pusieron la oportunidad de ver en bandeja de plata.

De acuerdo a todo lo que he reseñado hasta aquí, pueden trazarse varias coordenadas sobre el tema:

1. Ya puede ir trazándose un mapa cognitivo de lo que está produciéndose en materia de vídeo-arte y quiénes pueden ser considerados o no, una vanguardia en este sentido (nótese que hay nombres que se repiten en las muestras)

2. El vídeo-arte en Cuba no posee un canon a seguir. Básicamente, las obras están concebidas para formar parte de instalaciones y ello se explica por la dimensión que los artistas dan a sus obras y a sus particulares maneras de asumir el medio sin dejar de esclavizarse por él.

3. En casi todos los casos se trata de monobandas, al estilo de aquel primer Nam June Paik, cuando en 1965, con motivo de la visita del Papa a la ONU, se paseó por la calles neoyorquinas con una de las primeras cámaras portátiles en mano y anunciando posteriormente que “del mismo modo que la técnica del collage ha desbancado la pintura al óleo, el tubo de rayos catódicos sustituirá al lienzo”. Sin llegar a la exageración de Douglas Gordon, que necesitó alrededor de 16 cámaras para filmar a Zidane, cuando los artistas posean los medios necesarios, las monobandas quedarán como piezas de arqueología, aunque de seguro algunos preferirán la utilización de una sola cámara.

Es posible que algo se me haya quedado pero como siempre, se trata de un recorrido estrictamente personal. Sólo me resta llamar la atención a aquellos interesados en organizar muestras, curadurías, festivales…: hay una hornada que anda suelta y sin vacunar (ahora decimos “escapa’os”) y que merece mucho la pena posar la mirada en ellos: Humberto Díaz y Analía Amaya –ganadora del último salón de arte digital-, Adonis Flores, Marianela Orozco, Diana Fonseca, José Hidalgo y el más aplastante de todos, Ernesto Oroza.

Investiguen, escruten, busquen y ya me dirán.

Enviado el 15 de Diciembre. << Volver a la página principal << | delicious

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