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Noviembre 19, 2006
Kcho: la multitud en el límite invisible - M Belén Sáez de Ibarra
El trabajo del artista caribeño Kcho, (Cuba, 1970) se inscribe en la práctica vanguardista que utiliza como fondo de contraste el debate posmoderno que gira en torno a la producción social del sujeto contemporáneo. Un sujeto producido por esa maquina virtual de alta tecnología que es el nuevo orden mundial.
Es decir, esta inscrita en un quehacer político. Más no partidario, no entra al debate casuístico de los esquemas de gobierno y las cuitas del poder estatal; al paso, pensemos las sociedades actuales como aquellas donde el debate sobre el poder dejó de estar centrado en el Estado, para ubicarse en su relación productiva con el saber–conocimiento, relación que es resultado de los efectos de poder que se ejerce desde la producción de los discursos verdaderos. Se trata de política en su dimensión más estratégica, aquella que se entendería al decir de Paolo Virno, “como la experiencia genéricamente humana, de comenzar de nuevo cualquier cosa, una relación intima con la contingencia y lo imprevisto y la exposición a la vista de los otros”
Kcho nos muestra un sujeto contemporáneo que es una barca, un bote, siempre extranjero, navegante en las aguas del mar, en ese límite que en realidad no existe, o más bien no cumple su función de demarcación ontológica; “la frontera invisible” como él mismo se refiere al mar. No existen bordes, ni afuera ni adentro. No existen más certezas. Un sujeto consciente de su finitud, de su levedad, de su existencia efímera, a la deriva, donde nada está ya garantizado, salvo que el mar traga y escupe, y lo que escupe lo vuelve a tragar. Al Hombre mismo “que se borra como en los limites del mar un rostro de arena” para utilizar una metáfora foucaultiana compatible con el universo simbólico de Kcho.
Existe el riesgo. El continuo peligro y la angustia. La “Perturbación” heideggeriana a la que están sometidos estos “hombres sin casa”, sin casa arraigada. Más bien flotante, viajera. Al mundo somos arrojados, a ir hacia la muerte, como náufragos. Un hombre desprovisto de herramientas verdaderamente eficaces con que enfrentar “el mar”. Aquí esta el universo de lo precario de Kcho. Este sujeto hace uso de zancos, de flotadores, de remos, de viejas hélices de motor, de prótesis siempre insuficientes, siempre precarias. “Para que el agua no llegue al cuello” dirá Kcho al referirse a su trabajo “núcleos del tiempo”, en donde el artista dispone en la propia sala de su casa en Miramar, todos sus muebles y enceres domésticos elevados gracias a remos encontrados, emparapetados a ellos como zancos.
Un sujeto contemporáneo que es “multitud”, un concepto sin gramática pero que proviene de nuestras antigua tradición del pensamiento, y que hoy podría entenderse como esa forma de ser ambigua (por poderosa aunque aun sin activarse) y generalizada del sujeto, que no-se-siente-en-casa y que confía la tramitación de su “perturbación” al “intelecto general” a la estructura ósea del pensamiento global, la arquitectura general del intelecto, que trasciende a todos los espacios mentales, como un recurso productivo, con el potencial de convertirse en un “principio constituyente”, para bien y para mal. Tal vez por eso se presentan estas agrupaciones de barcas de Kcho siempre juntas, dirigiéndose a un horizonte, que no es comandado por una capitanía de puerto sino que es “dado” por la dirección de una corriente. En “vivir y dejar vivir” que hace parte de esta muestra con dibujos de la instalación que presentó en la última Bienal de la Habana, aparecen las barcas de barro (metáfora que designa el material leve y efímero del que estamos hechos) apiladas en “multitud” sin voluntad unificada, inconsciente aún de sí misma, de la tarea relegada, del poder de liberación y la potencia virtual que implica verse como fuerza emancipadora, como fuerza de autocreación subjetiva. Aquí en este contexto post-utópico y de la precariedad del sujeto contemporáneo podríamos ubicar su instalación “La Jungla”, que hace uso del referente simbólico de La Torre de Babel resignificandolo. Una multitud aún no consciente de su potencial de autoproducción como sujetos.
A pesar de la altura global –o si se quiere universal- de los problemas que aborda Kcho, la coyuntura existencial del individuo cubano, local, esta presente. “Todo lo que define a Cuba ha llegado por el mar (…) también se todo lo que significa para los cubanos las historias que hay en él” dice Kcho. En toda su obra palpitan las vicisitudes de esta comunidad particular que es Cuba. Parece hacer alusión al derecho de resistencia, de defender las cosas dignas de perdurar, de salvaguardar las formas de vida y de conocimiento ya emplazadas, de defender las formas de vida plurales y sus lenguajes, como se hace énfasis en su instalación “para no olvidar”.
Su práctica artística. Este potente universo simbólico transita. No representa. Es un lenguaje arraigado en lo virtual, y en lo que esta siendo, sucediendo. Es performativo. Sus instalaciones suceden en la potencia de lo posible. No se cierran. Ellas suceden en lo simultáneo. Estamos allí siendo con ellas. Sus dibujos quedan como el testigo de este “escultor inmaterial” que piensa mientras dibuja.
Enviado el 19 de Noviembre. << Volver a la página principal << |

Comentarios
Me parece importante nombrar que todo regimen (incluyendo E.U) siempre deja un pequeño espacio para que se manifieste la 'oposicion' con el objetivo de mostrarse como un gobierno plural. Kcho sin duda sostiene una posicion politica que se refleja en su trabajo, pero que se contrapone siendo un 'consentido' del gobierno de su pais. contradictorio el gordito bonachon..
comentario de: luis hernandez mellizo enviado el Diciembre 4, 2006 04:47 PM