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Enero 28, 2006
Ojo viajero, ojo reflejado - Iván de la Torre Amerighi.
Originalmente en abc.es
¡Ah! Ya lo entiendo, ahora, sí: es una provocación, una conmoción. ¿Cómo dice? Digo que el vídeo es una provocación y ni siquiera habría que verlo entero para comprender el juego al que nos somete. No entiendo nada. Pues yo, sí. Al principio me incomodó, llegué incluso a aburrirme. ¿Pero si sólo dura siete minutos? Como si durase setenta. Eso no es lo importante, ahora lo entiendo.
En el caso de Chema Alvargonzález (Jerez de la Frontera, 1960) el viaje no puede ser considerado como un objetivo, una finalidad, tal y como frecuentemente es asimilado a la hora de analizar de modo crítico su discurso narrativo. Como acto debe ser entendido en cuanto que herramienta de búsqueda dentro de una doble dirección. El viaje no es más que una ecuación entre espacio y tiempo, cociente que entre ambos factores se mensura por medio de la velocidad. A mayor espacio recorrido en el menor lapso temporal, mayor será la velocidad. Pero la matemática, y eso lo sabe bien el artista, es incapaz de calcular ni el impacto ni el sentido de sus ecuaciones. Toda periégesis comporta, además del descubrimiento ?por lo demás, un efecto inevitable?, una voluntad de huida. Emprendemos camino dejando siempre algo tras de nosotros; lo importante es trasladarse. Permanencia es sinónimo de estancamiento: es el signo de los tiempos. Ninguna de las imágenes de Alvargonzález escapa a esa mezcla de nostalgia, alivio y dinámica extrañeza, siempre presente en la mayor parte de sus fotografías, instalaciones, piezas escultóricas y vídeo-creaciones.
En la caja negra.
Viajes en movimiento; imágenes en movimiento. En la serie «Casas de luz», o en la anterior «Brasilia» (2002), una porción de lo representado es abstraido, desapareciendo en función de la velocidad. Si las imágenes se mueven dejan de parecerse a las que almacenamos en la caja negra de nuestra vida. Las instantáneas del recuerdo, una tras otra, indefectiblemente, son imágenes fijas. La velocidad difumina los contornos, hace que se olviden los rasgos, que se pierda la referencia. En estas casas-caja, sólo pequeños detalles son salvados y permanecen, aunque desconozcamos la importancia que el artista les concede en su memoria.
Viajes sin movimiento. Geografías alrededor de una cotidianidad interior, como sucedió con Habitación 129. Hotel Sants. Barcelona (2001). Pasamos las páginas demasiado deprisa; la vida sucede demasiado deprisa: Tal vez por ello nuestro ojo se ha hecho viajero, consumidor neurótico, discriminando sin aparente coherencia, cortando y editando una (ir)realidad paralela a la medida de nuestras posibilidades. Este desenfreno produce, a veces, cortes abruptos, fundidos innecesarios, ruidos recurrentes. Confusión e incertidumbres capaces de producir otras imágenes, tan exóticas y peculiares cuanto terribles, reflejadas en el proyecto específico Sobre la porosidad de las imágenes. En aquél, éstas se superponen; si alguna pista de información está dañada es suplida con los datos de la anterior, y así sucesivamente, en una verdadera elegía a la manera de obrar de los modernos canales de comunicación.
Lamentos de una canica.
La finalidad última de una canica, por ejemplo, es alcanzar un destino, en muchas ocasiones incierto, cuando no un mero hoyo en el suelo en el que esconderse tras la victoria, removiendo y golpeando a su paso a todo congénere que la obstaculice. Con «Canicas», precisamente, alcanza Alvargonzález un alto grado de sutileza tras haber sabido elegir un objeto que, eliminado el carácter bélico, descontextualizado de su ámbito lúdico, no pierde ninguna de sus posibilidades evocativas y metafóricas. Las fotos caen seducidas por estas bolas irisadas o blancas, que marchan unidas y ocupando los espacios y paisajes anónimos del viaje: una repisa de habitación de hotel, la guantera de un taxi, la ventanilla de un tren? Consiguiendo una empatía con el espectador que, como señala en su texto Juan Botella Pombo, es imprescindible a la hora de encarar una crítica efectiva del mundo.
Ahora lo entiendo.
La lentitud agobiante del gesto anodino y repetitivo del personaje de Retratos I (2005) es una vara de medir. La vídeo-proyección podría durar toda una vida porque el creador, astutamente, propone enfrentarnos con nuestros gestos a menor revolución, tratando de conseguir que nos aceptemos mediante la perplejidad que nos provoca nuestra cotidianidad reflejada.
Enviado el 28 de Enero. << Volver a la página principal <<
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