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Enero 11, 2006
Alterados en Los Ángeles - EDWARD LUCIE-SMITH
Originalmente en el CULTURA | S de La Vanguardia
Un signo de los tiempos que vive el arte es una ambiciosa exposición organizada en la Geffen Contemporary de Los Ángeles. Este espacio cavernoso, un antiguo garaje de policía, es una dependencia del elegante pero pequeño Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (MOCA), y suele utilizarse para proyectos que son demasiado atrevidos y ambiciosos para el propio MOCA. La muestra, con su hincapié en lo trascendente, Éxtasis. En y sobre estados alterados, tiene un sabor muy de la Costa Oeste norteamericana. Puede interpretarse como una mirada a la muy influyente panorámica histórica de Maurice Tuchman, Lo espiritual en el arte, que triunfó en el Museo del Condado de Los Ángeles a mediados de los años ochenta. Ahora bien, existen diferencias importantes. Mientras que Lo espiritual en el arte se centraba en la pintura de forma más o menos exclusiva, Éxtasis es un acontecimiento multimedia, con muchas instalaciones, aunque muy pocos vídeos. Eso ya constituye en sí mismo un signo de que el mundo del arte contemporáneo está entrando en una época de cambio, puesto que los vídeos han dominado durante mucho tiempo las grandes exposiciones internacionales.
En esencia, la exposición puede dividirse en tres partes. Sus contribuciones menos interesantes toman la idea de los estados alterados de un modo demasiado literal. Hay en esta muestra una sobreabundancia de imágenes de hongos alucinógenos: una Sala de los hongos boca abajo de Carsten Höller, una enorme pintura que muestra hongos con parpadeantes ojos de estilo anime del artista japonés de moda Takahashi Murakami y una instalación que presenta una multitud de pequeños hongos hechos a mano por el artista de Brooklyn Roxy Paine. Las alusiones al estado extático no tendrían que ser tan manifiestamente obvias. Más obvias aún en un sentido - aunque no en otro- es la fuente de cristal cuidadosamente cercada, que imita la creada para la Exposición Internacional de Londres de 1851 y por la que supuestamente circula LSD líquido. Debemos fiarnos, claro está, de la palabra de los organizadores, porque el agua del grifo produce el mismo efecto visual.
Espacio ocupado
Otra parte de la exposición, muy grande en términos de espacio ocupado, tiene vínculos con el grupo de artistas del movimiento Luz y Espacio que floreció en la Costa Oeste estadounidense a finales de los 60 y principios de los 70. Entre los miembros más destacados del grupo estaban James Turrell y Robert Irwin. Este tipo de arte, muy arraigado en Estados Unidos, tiene ya un interés internacional. Hay aquí ambiciosos ejemplos de Olafur Eliasson, Pierre Huyghe y Erwin Redl. Dos de ellos viven en Estados Unidos y uno (Eliasson) en Berlín, pero ninguno de los tres es estadounidense de nacimiento. Los efectos que producen mediante el uso de la luz son verdaderamente desorientadores y mágicos. Sin embargo, la objeción que cabe hacer es que esas obras de arte son por naturaleza efímeras. Cuando se desmonte la muestra de la Geffen Contemporary, la experiencia que ofrecen no volverá a repetirse.
Hay paralelismos actuales en el ámbito no artístico. Piensa uno en las atracciones de las diversas versiones de Disneylandia, por más que sus objetivos sean menos elevados: el simple entretenimiento, sin el elemento de elevación espiritual no confesional sugerido aquí por el título de la muestra. También es posible encontrar paralelismos con el pasado bastante remoto, como algunos de los efectos concebidos por los artistas para los grandes festivales del período barroco. El problema es que, si bien esos efectos causaron una vívida impresión en quienes los vivieron como experiencia directa, ahora están tan perdidos para nosotros que apenas cuentan ya en el desarrollo general del arte.
No obstante, encontramos en la muestra una tercera categoría de arte. Se trata de un grupo de obras elaboradas y decorativas que parecen representar una nueva y poderosa tendencia creativa. Los ejemplos más evidentes son las complejísimos pinturas collage del ya muy de moda Fred Tomaselli, un estadounidense nacido en Santa Mónica, pero que vive en la actualidad en Nueva York; y los enormes dibujos monocromos del artista británico Paul Noble. Las composiciones de Tomaselli están hechas con una multitud de elementos diferentes: pastillas, hojas, cuerpos de insectos, fragmentos de imágenes impresas de manos, bocas y ojos. El resultado se asemeja un poco a un objeto oriental lacado, como los que se encuentran en Tailandia o Indonesia, más que en Japón. Las obras en blanco y negro de Paul Noble son demasiado grandes y demasiado intrincadas para que sea posible captarlas de un vistazo: hay que leerlas tanto como mirarlas. Los vínculos evidentes son con la escenografía del Barroco, esas ilustraciones grabadas que conservan al menos algunos aspectos de los festivales perdidos a los que me he referido. También poseen vínculos obvios con las ilustraciones de la ciencia ficción.
Tomaselli y Noble representan una nueva fascinación por la magia de lo hecho a mano, por el arte que extrae parte de su magia de la plena laboriosidad. Su obra invita a mirar una y otra vez. En términos actuales, se trata de algo nuevo y -¿es posible atreverse a decirlo?- de espíritu revolucionario.
Enviado el 11 de Enero. << Volver a la página principal <<
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