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Noviembre 13, 2005
Con un tres y un cuatro - J.D.-Guardiola
Originalmente en abc.es
Resulta curioso que todavía tenga vigencia -será porque es verdad- aquello de que la cara es el espejo del alma. Sobre todo porque, esta exposición que el MUSAC organiza en buena parte con los fondos de su co- lección, titulada Sujeto, se lo toma a pies juntillas y termina por identificar la identidad del individuo con su efigie o rostro. Bien es cierto que nuestra imagen mucho tiene que ver con esta carta de presentación tan de primera mano -que nos cuesta hacernos una idea de la imagen de Dios, dado que no podemos «ponerle cara»; que los musulmanes tienen absolutamente prohibido representar icónicamente el rostro de Alá; que los antiguos indios norteamericanos se negaron a ser fotografiados por miedo a perder su alma...-, pero, en última instancia, también es la mejor arma para engañar, para ofrecer una faz de nosotros mismos que no es más que la que queremos ser, que es fácilmente manipulable e intercambiable...
Salvar la «jeta».
Nos introducimos, en cualquier caso, en unos vericuetos que no interesan demasiado a los comisarios, aunque los sacan a colación al identificar tan descaradamente retrato con identidad. Sin embargo, su apuesta, tampoco es que termine de «salvarles la jeta». Dice Rafael Doctor: «Esta exposición quiere llamar la atención sobre la vigencia del retrato en la cultura contemporánea e incidir en la importancia del retrato neutro como un posible subgénero». Dicho esto, se reconoce que «cada una de las obras expuestas va a repetir un esquema prácticamente idéntico: artista, medio de representación elegido ?y, añadimos nosotros, fotografía en casi todos los casos? y persona retratada». A partir de ahí, todo vale: son los que están, pero podrían estar muchos otros; fondo neutro y «careto», y patente de corso; un tres y un cuatro, y la cara de tu retrato.
Alguien nos mira.
En definitiva, cuarenta posibilidades de «universalizar» al ser humano desde la individualidad; cuarenta «individualidades en el contexto de su desnuda existencia, su estar ahí». Y, desde luego, sí, la sensación es ésa, que alguien nos mira, acumulativamente, pero poco más. Eso sí, hay formas de mirar y formas de mirar, porque nada tienen que ver las artes de Richard Avedon conla de Thomas Ruff; ni son los mismos puntos de partida ni los desarrollos de su escrutar los de Rineke Dijkstra que los de Stephen Balkenhol. También hay autores que introducen nuestro retrato en el de los demás ?soberbia la instalación de Fiona Tan Countenance (2000)? o que incluso crean nuestro efigie al instante ?la famosa «pintura» Wooden Mirror (1999) de Daniel Rozin, que hacía colas este año en ARCO?; otros que demuestran lo frágil que somos ?el mural Who Am We? (2000), de Do-Ho Suh? o que ofrecen al retratado la posibilidad de desafiarnos ?Urraco, Pierre Gonnard? o de ser escrutado de arriba abajo ?Jesús Micó, Pere Formiguera?. Son todas las caras de un mismo prisma.
Mención especial merece el catálogo de la exposición, editado por el MUSAC y Actar, no tanto por la profundidad de sus textos ?livianos y poco explicativos?, como por su presentación y la reproducción de las obras. Sin embargo, y parece que nos ha quedado claro, no debería bastar con tener una cara bonita...
Enviado el 13 de Noviembre. << Volver a la página principal <<
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